lunes, 1 de noviembre de 2010

Castilla: una de Keynes y otra de morteruelo

Castilla adopta ahora, gracias a la hoja caduca, un tono ocre que, remachado por el cierzo hiriente, le confiere una belleza honda y como reconcentrada. Es la belleza castellana una belleza sobria, diríase incluso grave. Si uno se acerca a la ribera de algún río - pienso yo en el Júcar, ¿usted quizá en el Guadiana?, ¿o el Duero tal vez?- , el vaho y la neblina que allí habitan se combinan, a estas alturas del año, con los verdes de los pinos y maleza diversa y el pardo de la hoja otoñal; la sinfonía de colores y de aromas, envuelta en bocanadas de aire gélido en la atardecida, adopta un aire de trascendencia ante un silencio denso.

Silencio que se rompe, regularmente, con las campanadas que escupe, fatigoso, el campanario. Señorea el pueblo y recorta el crepúsculo con la misma altivez, seguro, que en su mocedaz, pero se le percibe ya la senectud en lo desmayado de su llamada. Imagino unas campanadas otrora lozanas y nerviosas, filtrándose por puertas, ventanas y ventanucas. Suenan ahora lánguidas, rendidas a los padecimientos de tantos inviernos y fríos.

¿Se hizo Castilla, por ventura, para invitarnos a reflexionar sobre el paso del tiempo? No desencantaría mi protoidea a Azorín, Unamuno, Ortega. Ni a los poetas: y ya decía Gabinete Caligari que Bécquer no era idiota ni Machado un ganapán. Y, válgame Dios, vengo a pensar estas cosas en lo que fue - la placa no miente - el señorío del Infante Don Juan Manuel.

Me trajo a la Castilla honda un congreso. No es de los que hagan mucho currículo, pero pagaban cena y hotel. En el estrado, loas al Estado y severísimas reprobaciones a los mercados. Yo, no obstante, vine a hablar contra el keynesianismo. El keynesianismo es una manera particular de gasto público. Éste, como todo gasto, se puede realizar en muy diversos grados de eficiencia y racionalidad. Los planes de estímulo de EE.UU., p. ej., no constituyen keynesianismo sensu stricto: se han destinado a proyectos que aun cuando no hubiera crisis ni desempleo que vencer tendría sentido - y quizá sería conveniente - poner en marcha. Ésa es la clave. La fiscalización de ese dinero se ha realizado, además, de una manera nunca vista en la historia de país alguno (todos los ciudadanos pueden seguir por internet las peripecias de cada dólar). Eso no es keynesianismo. Keynes hablaba de poner a las gentes a hacer lo que fuera como excusa para darles dinero, p. ej., buscar las botellas llenas de billetes que el gobierno habría escondido antes en lugares estratégicos. Es decir, el keynesianismo americano ha sido muy matizado y sumamente racional, los Planes E zapateriles, sin embargo, han constituido un paradigma de keynesianismo como resulta difícil de hallar en todo el orbe afectado por la crisis.

Es cierto que ninguno de ambos planes, ni el obamita ni el zapateril, parecen haber estimulado la economía lo más mínimo. EE.UU. continúa con tasas de desempleo inverosímiles para el país - 9% - y España batiendo  vergonzantes récords - 20% - . Para ese viaje de desempleo no eran necesarias semejantes alforjas de déficit. Pero la tan cacareada economía del siglo XXI tiene ahora una infraestructura adecuada en EE.UU.: autopistas modernas, internet en cualquier rincón, tomas para el coche eléctrico, polígonos industriales de lustre... España tiene unas cuantas aceras nuevas, alguna piscina climatizada, con unas saunas y algún velocímetro. Spain is different.

Mientras cuento todo esto, las miradas me asaetean y los bufidos resuenan en la sala. Un hombre, en el público, se gira hacia Ana y le dice: no deberían dejar hablar a esta gente de derechas en estos foros.

Salimos, Ana y yo, en busca del remanso de paz que nos ofrecerá la Castilla recóndita cuyo campanario y hojarasca me han puesto metafísico. Hablando de metafísica, me pido un vino de la tierra y un morteruelo. ¿Lo conocen? Se trata de una especie de puré hecho con carne de caza. Esa carne negruzca y brava, de sabor fornido. El restaurante mira a las hoces del río. ¿Qué haría yo hablando de Keynes teniendo en la vecindad esta estampa de inaudita poesía, este vino, este morteruelo? Tenía razón el hombre: no deberían haberme dejado hablar.

2 comentarios:

  1. ... y una perdiz escabechada -de caza, de las de antes.

    Muy poética la introducción. Ahonde en la temporalidad y la gastronomía y déjese de esos keynes..

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  2. ¡Ay, tempus fugit, y yo con estos Keynes!

    Y una perdiz en esos escabeches caseros y castellanos para que el tiempo corra con menos dolor. Usted sí que sabe.

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