jueves, 24 de diciembre de 2009

Balanza fiscal: lo mío pa' mí (Y me voy de viaje)


Ana posa ante el ciclópeo edificio, situado ni lejos ni cerca del centro histórico de Bruselas, y en cuya entrada se lee: Europese Commissie. Commission européenne. Dejo para otra ocasión relatar mis impresiones sobre el futuro de Bélgica, pero, en un resumen rápido diré que ratifico la idea de que, de no estar ese edificio precisamente allí, en Bélgica, el parlamento flamenco hace ya algún tiempo que habría proclamado su independencia. Prácticamente nada comparten valones y flamencos; de hecho, los separa un elemento fundamental, la lengua, lo que origina casos surrealistas, como que un soldado no entienda las órdenes de su superior. Parece que los flamencos suelen estudiar francés pero, claro, los valones no acostumbran a aprender flamenco.

Hay quien opina, empero, que la renovada ansia independentista flamenca sigue el antiquísimo esquema de lo mío pa' mí. Flandes es actualmente una de las regiones con mayor renta per cápita de Europa, con una economía boyante centrada en los servicios. Valonia continúa siendo una región bastante ruralizada y pobre. ¿Pero quién hablaba de independencia, recuerdan algunos, cuando a mitad del XIX se hundió el sector textil de Flandes y llegaron a producirse enormes carestías y hambrunas? Exacto: ¡Valonia! Ahora, una vez que las cosechas y las minas valonas no dan ya para mucho, la tortilla se volvió.

Desde un punto de vista liberal o, simplemente, de fomento del libre mercado, un estado federal parece una buena solución, dado que nada impide que la lógica que se aplica a los individuos - la competencia en un marco de respeto a los beneficios conseguidos - se aplique a regiones. Nadie nos dará lecciones de esto a los españoles. Como se sabe, el trasvase de renta de algunas Comunidades Autónomas a otras resulta muy abultado. En especial, el de Cataluña, Madrid e Islas Baleares dirección a Extremadura, que se lleva la palma recibiendo 220 euros por habitante. Obviamente, los factores que se deben tener en cuenta son muchos y la cuestión es intrincada, pero, en principio, no se ve razón para que no se aplique a las comunidades la misma lógica que a los individuos. El trasvase de renta debe ser muy limitado y transitorio. Ya se sabe, mientras haya subsidio, no habrá excesiva ansia por potenciar la economía propia.

He oído a algunos economistas catalanes, criticando el expolio fiscal que padece su comunidad, poner a EE.UU. como ejemplo, pero, hasta donde yo sé, la situación es similar. Leo quejas acerca de los dineros que parten de Nueva York o Vermont rumbo a Luisiana o Misisipí. Existen estrictos límites, según sé, para el trasvase de renta, pero éstos son tanto por arriba como por abajo.

Es cierto que algunas comunidades (Asturias, Galicia, Castilla y León o Cantabria) han perdido población en los últimos años o han experimentado un crecimiento mínimo. Pero es cierto, también, que no es normal que año tras año, década tras década, inexorablemente, unas comunidades - con Extremadura llevándose la palma - posean déficit y otras (Cataluña, Madrid y Baleares a la cabeza) presenten superávit. Si uno ve la evolución económica de algunas de ellas, como Comunidad Valenciana, Región de Murcia o Aragón, éstas han evolucionado, mientras las arriba mencionadas han caído, ¿pero qué sucede con Andalucía o Extremadura, impertérritas en su déficit? Y una pregunta que me preocupa: ¿hasta cuándo continuarán gastándose el dinero de madrileños y otros en su tan particular PER?

Marchamos Ana y yo de viaje, el día 26 de mañana temprano, a otra tierra donde comienza a calar lo de lo mío pa' mí. ¿Cómo no pensarlo si tienen petróleo? El gobierno regional hizo público un documento donde se especifica cómo será, paso a paso, la declaración de independencia. Es una tierra de castillos, lagos y leyendas medievales. De gaitas y whiskey. Es la tierra, también, de grandes pensadores, como Duns Scoto o David Hume. Y, ahora, modestia aparte... estaré yo.

Bueno, felices fiestas para todos aquellos que, durante este (medio) año han tenido la amabilidad de invertir un poco de tiempo en leerme y, a veces, incluso comentarme. Espero que disfruten estos días, ustedes y los suyos, y que tengan una bonita entrada en 2010. Si siguen ahí, cuando regrese, amenazo con ponerles las fotos y contarles el viaje. ¡Feliz Navidad!

jueves, 17 de diciembre de 2009

De Stalin y de esqueletos en el armario

Qué encanto el de esos regalos poco acertados con los que uno no sabe qué hacer. Ya he hablado en anteriores entradas de dos de este tenor de Stalin: la estatua del soldado soviético en Viena y el Palacio de la Cultura y la Ciencia en Varsovia. Los austríacos han tapado la primera con una fuente y los polacos, con más saña, han construido la City varsovita justo enfrente. En la foto se aprecian los rascacielos de las multinacionales de la zona, que miran - Santo Dios - a un edificio que aún mantiene la estatua de un estudiante (de un torso que ni Cristiano Ronaldo) que mantiene un libro de "Lenin, Engels, Marx" (sic).

En la foto, Ana posa ante la City varsovita en el momento en el que la tormenta nos da alcance.

Cuando se me ocurre hablar, como hice aquí mismo, de lo inusual de una alianza como la de la II Guerra entre Europa y EE.UU con Stalin, automáticamente se me contesta que hubo que elegir entre la alianza con un tirano sanguinario o dejar vía libre a un tirano sanguinario aún peor. Irreprochable realismo político y moral. Sin embargo, lo echo de menos cuando se juzga la actuación de EE.UU en otros frentes.

La Guerra Fría fue una guera - ¡que no inició EE.UU.! - . Una guerra rara, como las que vivimos en el nuevo orden mundial post-Torres Gemelas, pero una guerra. Tanto que a punto estuvo de desembocar en un enfrentamiento nuclear. Y así como en la II Guerra se buscó la alianza con Stalin, durante los años de la Guerra Fría se apoyaron dictaduras. El país adalid de la democracia se vio apoyando dictaduras; paradoja, repito,en todo caso,  no menor que la de aliarse con Stalin y, oye, qué bien lo entiende la gente ahí.

Recordemos que las guerrillas comunistas en Sudamérica no pertenecen al imaginario romántico socialista: el terrorismo de éstas fue de alta intensidad. Al Ché lo matan en Bolivia unos ocho años después de haber triunfado en Cuba e intentar exportar ese modelo al resto del continente.

Puede que en España nos dé rabia - a mí me da - el apoyo tan sumamente amigable prestado a Franco, pero, claro, el análisis era que: o Franco o una desestabilización donde la URSS metería baza. Así, pues, tenemos que Eisenhower se abraza efusivamente con quien fue a Hendaya a dialogar con Hitler, quien, a su vez, había costado a EE.UU. miles de bajas. Igualmente, ¿cuán ilusionada se hallará la administración estadounidense con dictaduras como la marroquí o la de Arabia Saudí? Poquito, poquito. Pero las apoya porque, al menos, sirven de contención para el islamismo radical.

De acuerdo, me replica Ana, que lee la entrada por encima de mi hombro - cosa que le tengo terminantemente prohibida - , pero ¿era necesario un apoyo a Franco o Pinochet sine die? Tu entrada, continúa, parece diseñada para disculpar los esqueletos en el armario de los yanquis; muchos apoyos - este dictador, sí, éste, no - han estado motivados por una neurosis anticomunista y por intereses mercantilistas.

Neurosis anticomunista: correcto, y si no se entiende eso, no se entiende la actuación en Chile o España. Allende, amparado en una situación de desencuentro de los partidos mayoritarios, emprende unas reformas de tipo socialista sin el menor apoyo social a juzgar por las urnas.  Y lo mismo cabe decir de Nicaragua y  los sandinistas. En España, la propaganda franquista había triunfado a la hora de vender la idea, totalmente falaz, de que se estaba gestando una democracia popular soviética.

¿Y el apoyo sine die?, abunda Ana. No fue exactamente así, Ronald Reagan, percatándose de que la Guerra Fría comenzaba a enfriarse, valga la redundancia, dijo que hasta aquí se había llegado. No habría más apoyos norteamericanos a dictadores iberoamericanos. Pero - no calla Ana - , así como una vez acabada la Guerra Mundial, el dictador aliado pasa a ser un dictador enemigo, ¿cómo es que no hacen esto mismo con Pinochet o Franco? ¿No se podría, por ejemplo, haber dicho: "tendrán nuestro apoyo en la normalización del país y el allanamiento de la senda hacia una reconstruida democracia". Vaya, ¡que se las dan de adalides de la democracia! Al fin y al cabo, ¿no se podía derribar a Allende sin necesidad de lanzar a los opositores al Océano desde vuelos de la muerte? Y yo recuerdo el chiste del dictador africano en Los Simpson: "No hubo derramamiento de sangre. Murieron todos gaseados."

Pues, mira, me replica ella, justo ahora, no me hace gracia.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Sobre el vino y los socialistas alemanes

Gran aficionado como soy a los paisajes de viñedos y a Alemania, sintetizo ambos elementos en mi última visita a tierras germanas. Convenzo a Ana, con pocos ruegos, y nos acercamos a Leutesdorf, una localidad famosa en la zona por sus viñedos en terraza. Soberbios. A la noche celebramos su cumpleaños con una botella de vino de la zona - es, sobre todo, blanco - ; es un buen vino, aunque sin pasarse, y, como siempre por Europa, a un precio prohibitivo.

De la apasionante historia de Alemania, no sabía yo aún, cuando contemplaba extasiado los viñedos, un dato fundamental: el Partido Socialista Alemán (SPD) había de sufrir un varapalo descomunal en unas elecciones. Y no lo sabía, no por nada, sino porque aún no había ocurrido.

Fueron las últimas elecciones alemanas extrañas por dos factores: la alta abstención (28%), inusual en este país y los lamentables resultados del SPD. Se desangra el SPD. Pierde votos por su derecha y por su izquierda, entre los jóvenes y entre los mayores. De entre quienes suelen votarlo, se quedaron en casa 2'1 millones de votantes. Increíble.

El SPD se hallaba co-gobernando el país en esa fórmula tan germana y peculiar de la Grosse Koalition; algo absolutamente imposible en la mayoría de países (tengamos en cuenta que en País Vasco tampoco hay Gran Coalición actualmente, ya que allí los dos grandes partidos son el PSOE y el PNV). El socio menos votado de una Gran Coalición realmente se la juega, dado que, por ser el menos votado, no tendrá la presidencia pero, por estar en el gobierno, su acción de acoso y derribo a éste queda muy mitigada. Debe, pues, hilar muy fino a la hora de decidir qué medidas gubernamentales se criticarán y cuáles se asumirán y defenderán. De locos. Bueno, de alemanes.

El SPD es el partido de Helmut Schmidt y Willy Brandt, un partido sin cuya historia no se entiende el socialismo mismo. En su seno tuvieron lugar los debates entre el revisionista Bernstein y los ortodoxos Karl Kautsky y Rosa Luxemburgo. Un partido que ha obtenido, ahora, un 23% de los votos, su peor resultado de la historia. La coalición que ha formado gobierno, la CDU de Merkel junto con los liberales del triunfante y renacido Guido Westerwelle, le mete 10 puntos largos al SPD. Parece, pues, que los socialistas tendrán oposición para rato.

Los resultados del SPD son tan catastróficos que en su caladero natural de los obreros industriales han obtenido 4 puntos menos que la CDU. Además, en un Estado tan populoso como el de Baden-Würtemberg, los liberales casi empatan con el SPD. La izquierda más izquierda, Die Linke, empata con ellos en la misma Berlín y les supera en 4 de los 6 Estados de la antigua RDA. Incluso en algún Estado occidental, como en Sarre, los resultados de Die Linke se aproximan, amenazantes, a los del SPD.

El resultado es, nada menos, que el SPD ha pasado de ser uno de los dos partidos que se disputan el gobierno, a ser uno, muy fuerte, de entre cinco (CDU, Die Linke, los liberales, los Verdes).

La coalición que se ha reeditado, liberales-CDU, la llamada Kleine Koalition, pequeña coalición, es en realidad la más asentada en Alemania. Ha gobernado durante 21 años (los liberales han gobernado en coalición con el SPD durante 13). Pero cuidado, ahora todo es diferente, los liberales ahora son un partido que se trata de tú a tú con el SPD; un partido, ahora mismo, tan bisagra como el SPD. Aquí comienza una nueva historia política de Alemania.

Definitivamente los revisionistas tenían razón; las clases sociales se habían desdibujado y el capitalismo mostraba una cara más proteica de lo predicho. Así, desde luego, el sistema no explosionaría. Los alemanes, lejos de creer en que había llegado el anunciado colapso del capitalismo y levantar las barricadas, han bendecido la fórmula Merkel/liberal de rescatar el barco tocado. Aunque el acendrado pro-estatismo germano se manifiesta esta vez con unos más que buenos resultados de Die Linke.

¿Cunde el desaliento en el SPD? ¡Que les lleven vino de Leutesdorf!

martes, 8 de diciembre de 2009

Derechos Humanos: adivinanzas en el Ebro

"Mientras que el acuerdo entre los Estados Unidos y Corea del Norte en materia nuclear se podría llamar con propiedad una "rendición negociada", la capitulación de los Estados Unidos ante China y otras potencias asiáticas en cuestión de derechos humanos puede considerarse una rendición incondicional". ¿De quién es la afirmación?

Andaba por Cataluña cuando leí en un periódico local la noticia de que los jueces llamarían a las familias africanas, residentes en la región, que, teniendo hijas, pasaran sus vacaciones en sus países de origen: querían cerciorarse de que no cometían un fraude de ley, es decir, de, bajo la apariencia de unas vacaciones, marchar para practicarle la ablación del clítoris a las niñas. Al parecer, algunos vecinos habían alertado de la situación. Me subo con ese runrún al barco que me adentra en el Delta del Ebro, y se lo traslado a Ana mientras ella me hace fotos: ¿Tú crees que los Derechos Humanos son, básicamente, moral Occidental?

Yo, por supuesto, estoy convencido de que el mundo sería un lugar mucho más agradable si se respetara la Declaración de Derechos Humanos; ahora bien, tampoco pretendo que ésta posea un fundamento filosófico tal que la haga inmune a toda crítica o revisión. Si bien es cierto, repito, que considero los Derechos Humanos una cuestión casi de sentido común para mejorar la vida de toda persona, permito, también, la discrepancia.

Para empezar, ¿quién, dónde y cuándo aprobó la Declaración? En 1948, tras la II Guerra Mundial, en la ONU, con 48 votos a favor, 0 en contra y 8 abstenciones. ¿Abstenciones? Países del bloque socialista (por lo de la propiedad), Arabia Saudí y Sudáfrica. Es un dato: 48 países de las casi 200 que existen actualmente.

En general, a día de hoy, creo que podemos afirmar que las civilizaciones no occidentales han percibido la Declaración como un código moral occidental, y no se han sentido demasiado identificadas con ella. Cuando EE.UU., con Clinton, amenazó a China por su conculcación sistemática de los Derechos Humanos, China contestó humillando al secretario de Estado americano. Japón se apresuró a declarar que no permitirían que "nociones abstractas de derechos humanos" afectaran a sus relaciones con China - el primer ministro japonés dixit, por cierto, poco después de la matanza de Tiananmen - .

En 1994, no hace tanto, Nixon dijo: "Actualmente, el poder económico de China hace imprudentes los sermoneos de los EE.UU. sobre derechos humanos. Dentro de una década los hará inoperantes. Dentro de dos décadas, ridículos." Añadamos que en la ONU se ha demostrado no poder aprobar resoluciones contra la violación de DD.HH. en Irán o Birmania. Ni tan siquiera se ha podido condenar la brutalidad India en Cachemira. Turquía, Argelia, Colombia, Indonesia han escapado también a la crítica.

En 1993 se celebró una Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos en Viena (una ciudad, creo que lo he dicho aquí alguna vez, que me subyuga). Dos meses antes de la inútil conferencia, varios países asiáticos se reunieron en Bangkok y aprobaron (sin mayores fisuras) una declaración en la que se leía que los Derechos Humanos se deben considerar "en el marco de las particularidades nacionales y regionales y en el contexto de los bagajes históricos, religiosos y culturales".

La cuestión es que desde la Declaración de DD.HH., en 1948, están en primer plano países no impregnados de las tradiciones judeo-cristianas y del derecho natural. Esa situación sin precedentes definirá, también, la nueva política internacional de derechos humanos. También multiplicará las ocasiones de conflicto.

¿Significa la insistencia en las tradiciones propias que se debe hacer la vista gorda ante la ablación del clítoris africana, los matrimonios concertados de niñas africanas y asiáticas o los (parece que éstos extintos) pies de loto chinos? Sí, pinta que eso significa. Sobre todo la ablación.

Acabo con otra adivinanza. ¿Quién dijo esto?

"El problema subyacente para Occidente no es el fundamentalismo islámico. Es el islam, una civilización diferente cuya gente está convencida de la superioridad de su cultura y está obsesionada con la inferioridad de su poder. El problema para el islam no es la CIA o el Ministerio de Defensa de EE.UU. Es Occidente, una civilización diferente cuya gente está convencida de la universalidad de su cultura y cree que su poder superior, aunque en decadencia, les impone la obligación de extender esta cultura por todo el mundo."

Solución a ambas adivinanzas: Sí, se trata de Huntington, ¿pasa algo?

miércoles, 2 de diciembre de 2009

El conservadurismo lingüístico a propósito de las ovejas de Connemara

Contemplo la bucólica estampa de las ovejitas en Connemara. La región que, como ya comenté en otra entrada, es, según los libros, el reducto actual del gaélico, pero donde resulta tan difícil oirlo como el eusquera en Vitoria.

Me alojé en Dubín en un B&B de un matrimonio gandul y tirando a guarro. El marido lamenta que Belfast pertenezca a Gran Bretaña y que ya, en Irlanda, apenas nadie hable "la lengua autóctona". Me cuenta que su hermano se gana la vida de profesor de gaélico. Anda, qué bonito, pienso yo, "¿son de familia gaélicohablante?" Qué va. Anglohablante. El hermano lo ha aprendido. De eso saben mucho en País Vasco y Navarra, dado que el eusquera es la lengua más subvencionada del mundo (dato real). (Es, supongo, un trabajo más cómodo que trabajar en una fábrica el de enseñar gaélico a niños de Dublín que jamás lo usarán o eusquera a los chavales de la Ribera navarra que para nada lo quieren). El hombre gandul de mi B&B era profesor de instituto hasta que abrió el B&B y el resto del mundo nos vamos a ver las ovejitas irlandesas y nos avenimos a que nos púen por ello.

Cómo no asombrarse de que gente que se declara liberal, sin embargo, cuando se trata de las lenguas se muestra de un conservadurismo considerable. Se debe a la idea de que una lengua es algo más que un instrumento de comunicación, a que existe cierta relación sentimental. Es una idea que antes de la época del nacionalismo y las teorías lingüísticas de Humboldt no tenía predicamento alguno. La gente cambiaba de lengua sin mayor perturbación afectivo-sentimental. Es más, lo habitual en el mundo, hasta la entrada en el escenario de políticas basadas en el nacionalismo lingüístico, es que la gente se pasara a la lengua que, pensaban, más beneficios les reportaría o, al menos, que intentaran que lo hicieran sus hijos. Los galleguistas suelen contar, atribulados, cómo los padres que hablaban gallego entre ellos se pasaban al castellano para dirigirse a sus retoños, y reprendían a éstos cuando se deslizaban al gallego.

A poco que uno investiga, aprecia que "no han sido las leyes lingüísticas sino la economía, la liquidación de aduanas y fronteras, la movilidad humana, la revolución industrial, las necesidades de la nueva clase trabajadora, el muy notable desarrollo de las comunicaciones y transportes, así como la participación interregional en proyectos de política y comercio exteriores lo que ha cimentado la comunidad lingüística española" (J. R. Lodares en Lengua y Patria).

Aunque el caso más curioso no es el de los liberales, sino el del bando contrario, la izquierda promarxista. Atendiendo al lema marxista reclamando unidad para el proletariado mundial, los seguidores de Marx estuvieron siempre por fomentar una lengua común. ¡Lenin no quería ni oír hablar de otra lengua que no fuera el ruso! Los marxistas vizcaínos publicaron en su revista La Lucha de Clases que igual era buena idea prohibir en España toda lengua que no fuera el castellano - la dispersión lingüística evitaba que los trabajadores se comunicaran y unieran - . Engels expone ideas similares en el Anti-Dühring.

Actualmente, la izquierda española considera un paradigma del progresismo y multiculturalismo el que un ciudadano de Murcia tenga que aprender una lengua para ejercer unos kilómetros más allá, en un pueblo del sur de Alicante. Es más, que un habitante del pueblo de Alicante tenga que aprender una lengua para ejercer en su pueblo, donde ya nadie conoce la lengua en cuestión.

No soy un conservador de lenguas. No las considero un patrimonio valioso en sí mismo. Un patrimonio cultural son las obras que en ellas se han producido; ellas son instrumentos de comunicación inventadas por los seres humanos para ser utilizadas mientras les resulte útil. Apoyo el intento de crear unidad lingüística en grandes territorios, aunque esto conlleva, claro, que otras lenguas dejan de hablarse. No se debería mover un dedo por "salvar", ni tan siquiera "fomentar", una lengua. Si alguien lo quiere, siempre es libre de fundar una sociedad para ello. Pero a mí que no me pidan dinero. No lo harán, cierto, me lo quitarán vía IRPF. Qué incordio; como las ovejitas de Connemara, que invaden la carretera justo cuando paso yo.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Los limones, el comunismo y El Señor Catedrático

“El país donde florecen los limoneros”, así conocen los alemanes a Italia. Se trata de una cita extraída de Goethe: Kennst du das Land wo die Zitronen blühen?, “¿conoces el país donde florecen los limoneros?”. ¿Italia? Paparruchas. Aquí florecen mejor. Este año no llega el invierno y yo sacrifico, ay, tiempo de trabajo por paseos, junto al mar o, como hoy, junto al florecer de los limoneros. Valencia y Murcia, en concreto, son das Land wo die Zitronen blühen. Oye, una cosa, ¿allí por qué votan al PP?

Ha sido siempre un problema central para el socialismo el de si éste habría de llegar porque el proletariado se convenciera de la injusticia intrínseca del capitalismo y pasara a la acción o si, en caso de que éste no se diera por enterado, había que darle un empujoncito a la cosa.

La doctrina marxista ortodoxa, en realidad, es de un determinismo radical: el capitalismo, dada la depauperización general que originaría, la bipolarización de la sociedad entre unos pocos ricos y el resto de miserables y las guerras imperialistas salvajes, simplemente colapsaría. De hecho, los socialistas genuinos (Marx incluido, claro) no consideraban su deber, tan siquiera, salir en defensa del proletariado ante sus desgracias, dado que sería la profundización en éstas la que habría de llevarse por delante al capitalismo.

Ahora bien, cuando esto no sucedió, hubo una corriente revisionista – con Jaurès y Bernstein a la cabeza – que pensó que igual había que persuadir al proletariado de que el sistema propuesto por ellos era el ideal, el justo, el bueno. Lenin, en realidad, es otro revisionista: el socialismo llegará al poder, no por el puro colapso del capitalismo, pero tampoco por las urnas, sino por la revolución. Marx, Engels y Kautsky – los ortodoxos – sólo apelaban a lo ineludible del proceso, sin sentir la más mínima tentación de mover un dedo para acelerarlo, convencidos como se hallaban de su inminente llegada. El socialismo, pues, aplicó el laissez-faire al capitalismo y se sentaron a ver cómo se cocía en su propio jugo.

Jaurès, como he mencionado, se percató pronto de que la cosa no iba como Marx había predicho, y concluyó que la democracia debía ser el instrumento mediante el cual se implantara el socialismo. Consideraba a ésta un “instrumento de progreso”, ya que representaba “el mejor método jamás diseñado para el cambio social pacífico”.

¿Pero y si ni por las malas ni por las urnas llega la toma de conciencia de clase? ¿Y si el proletariado se muestra desafecto hacia los partidos comunistas? Pongamos por caso, ¿y si en un territorio les da por votar al PP?

Entonces, existen teorías. Una es la “hipótesis Getafe”. Una variante de ésta es la “hipótesis del Señor Catedrático”. Ésta última resulta más atrayente, dado que añade un elemento: en España, actualmente, existe exilio político murciano. (En las comunidades no gobernadas por el PP, se entiende, o, al menos, no gobernadas al estilo murciano, consista éste en lo que consista). Vamos, que las vecinas Andalucía o Castilla La Mancha hacen de Florida para la Cuba murciana. Así, reza la hipótesis del Señor Catedrático que (1) en determinadas partes de España (Valencia, Murcia y Madrid, p. ej.), gran parte de la población adolece de une escaso nivel cultural, (2) esto les lleva a votar al PP en masa, (3) se genera así una situación de cuasi dictadura y (4) algunos ciudadanos se ven impelidos a emigrar. Esto no lo he leído yo en Jaurès ni en Lenin. (Alguien apunta a un ramalazo de Lukács)

No llega el frío este año, no llega. Así que se prolongan – más de lo que mis ocupaciones toleran – los paseos vespertinos. Y pienso en los murcianos que andarán por frías tierras norteñas y a quienes yo podría invitar, sólo para el sábado, al feliz Mediterráneo. Pero El Señor Catedrático no da nombres. Una pena.

martes, 24 de noviembre de 2009

¿No te gusta McDonald's?

Cuando uno ve uno de esos documentales antiyanquis, del tipo de los de Michael Moore o tantos otros, o ciertas películas, se pregunta uno cómo es que tanta gente desea emigrar al país donde existe una desatada brutalidad policial, un racismo abierto, una violencia ubicua y una estupidez abrumadora. Algo no cuadra.

Quiero señalar, a vuelapluma, algunos datos sobre EE.UU.

1) Al contrario de lo que se suele predicar, EE.UU. no se ha sentido nunca cómodo con su papel de gran potencia mundial. Ése es un papel que buscó España, Gran Bretaña, Francia, pero a EE. UU. le cayó encima en los años 20 (como consecuencia de la I Guerra). Y, en parte, ha vivido acomplejada por ello. En una feliz expresión de Niall Ferguson, EE. UU. es un imperio que se niega a aceptar las consecuencias de serlo.

2) La izquierda americana lleva años detrás de McDonald's y Wal-Mart, cuando su único pecado demostrado hasta ahora ha sido una agresiva política de precios bajos. Existen dos películas, incluso, contra McDonald's, Super Size Me y Fast Food Nation. En EE.UU. no se andan con chiquitas en la cuestión de multas por anti-monopolio o anti-trust y, hasta la fecha, nada han podido encontrarle a estas dos empresas.

Por supuesto, una de las principales críticas (junto con la también indemostrada de monopsonio, la de fomentar una la obesidad y la otra el consumismo, la de impacto medioambiental, etc.) es la del "maltrato" a los trabajadores. (V. Corporatewach o ésta, en exclusiva sobre Wal-Mart). Pues bien, tampoco respecto a política salarial o de seguro médico se ha demostrado gran cosa. Es más, leyendo estas críticas, se pregunta uno: ¿cómo han conseguido estas empresas contratar trabajadores en épocas de pleno empleo (y absorbiendo inmigración) con semejante maltrato salarial y asegurador? ¿Cómo consigue sistemáticamente pagar menos que sus competidores allí donde se instala si paga menos y ofrece peor seguro médico?

Los sindicatos dicen que en California, p. ej., los competidores de Wal-Mart pagan unos 12 dólares la hora y ella unos 9. Aun si fuera cierto, callan que, a cambio, Wal-Mart dedicó 1.200 millones de dólares (el 10% de su beneficio en un año después de impuestos) a contribuciones para sus empleados (participación en beneficios, distribución de acciones, acceso a descuentos, posibilidades de promoción, ayudas a la formación, etc.)

Sólo hay un pecado, realmente: ambas empresas se muestran inflexibles respecto a la posibilidad de sindicación de sus empleados. No digo que esté bien - no me lo parece - , digo que es el único pecado confirmado. E insisto: en época de pleno empleo han encontrado trabajadores aún con esta limitación.

3) Pensemos por qué ningún partido socialista ha cuajado nunca en EE.UU. Con Marx y Engels en la mano, el país debería haber caído pronto bajo la dictadura del proletariado. Pero ni ha llegado ni se la espera en los próximos milenios. Hay razones. Los yanquis han visto muchos casos de american dream y saben que la posibilidad existe. Esto es importante: no se trata sólo de que el nivel medio de vida de los estadounidenses fuera bien pronto elevado ("el roast beef y la tarta de manzana acabaron con todas las utopías socialistas" dijo alguien), sino que, según todos los estudios, la movilidad social continúa siendo formidable. Además, los obreros muestran una especie de resignación cristiana ante el statu quo, se respira un acendrado patriotismo y una sentida confianza en la grandeza del país. Los gérmenes emocionales necesarios para la aparición de la conciencia de clase - si existe algo así - , o sea, una desconfianza, envidia y amargura hacia quienes más tienen, no brotan en la sociedad estadounidense.

Existe, también, un factor interesante. EE.UU. es un país hiperdemocratizado, plagado de instituciones electivas y de habituales referenda. Esto fuerza a los partidos a una indefinición ideológica grande, para mejor integrar en su seno las diferentes opiniones. Sobre todo, si se tiene en cuenta que al existir listas electorales abiertas, cada candidato tiene que trabajarse sus votantes, el partido no se los da, más bien viceversa. Así, el bipartidismo norteamericano resulta asfixiante para cualquier candidato a ejercer de tercera parte, pero mucho más abierto ideológicamente que uno a la europea. A ver si resulta, con tanto revisionismo, que McDonald's no es tan malo.

sábado, 21 de noviembre de 2009

El debate de hoy: el aborto (y III)

Así, pues, no se puede definir el derecho a la vida como el derecho a que el sujeto reciba de otros lo que precisa para vivir. Pero probemos con esta definición: derecho a la vida significa derecho a que nadie atentará directamente contra mi vida.

En todo caso, debemos hacer la excepción de la defensa propia: mi derecho a la vida implica que nadie debe actuar contra mi vida a menos que yo esté poniendo en riesgo la suya. Aquí hallaríamos una justificación del aborto en casos en los que la vida de la madre corra peligro (cáncer de útero, por ejemplo). Así, en caso de riesgo de la madre, el aborto estaría justificado aun cuando el feto sea considerado ya ser humano, dado que la madre estaría haciendo uso de su legítimo derecho a la defensa propia. (Se aprecia aquí, también, que no es tan sencillo definir quién es inocente; el feto, aquí, no lo sería, ya que pone en peligro la vida de alguien).

En todo caso, sólo poseen derecho a la vida los seres humanos, por lo que el debate sobre el aborto recala siempre en la espinosa cuestión de cuándo el feto es un ser humano. Es decir, ¿qué característica hace que un conjunto de células pase a conformar un ser humano? ¿El desarrollo de ciertas vísceras, del cerebro, del sistema nervioso, de, más o menos, forma humana? El criterio que se elija será, inevitablemente, arbitrario y, sin embargo, estamos obligados a elegir uno.

¿Por qué? Porque la idea de que existe un ser humano desde el momento de la fecundación es palmariamente falsa. Ninguno de los estadios inmediatamente subsiguientes a la fecundación posee ninguna característica genuinamente humana (antropomorfismo, autoconciencia o la que se elija). El concepto de "ser humano en potencia" halla aquí graves deficiencias. Quien posee derecho a la vida son los seres humanos, no un conjunto de células, átomos, pelo o lo que fuere que, pasado un tiempo y en ciertas circunstancias, se convertiría en ser humano. Si concedemos al cigoto derecho a la vida, ¿por qué no permitir que un estudiante de Medicina de tercer curso recete medicamentos, ya que es un médico en potencia?

Los gatos no tienen derecho a la vida. Supongamos que se inventa una inyección que convierte, en un mes, un cerebro de gato en un cerebro humano. ¿Deberían tener todos los gatos derecho a la vida ya que, ahora, son seres humanos en potencia? Creo que no.

Éstas son mis conclusiones. (1) Nos hallamos obligados a elegir un criterio para otrogar humanidad a un ser; el criterio habrá de contar con la opinión de los expertos en el desarrollo embrionario (básicamente, ginecólogos). Tendrá, inevitablemente, una dosis de arbitrariedad, pero debemos atenernos a él. (2) El aborto debe ser libre antes de la fecha marcada por el criterio. (3) El aborto debe ser libre cuando la vida de la madre corra peligro, independientemente del criterio escogido. (4) El aborto debe estar penado tras la fecha marcada por el criterio; incluidos casos de violación o de supuesto "peligro psicológico" de la madre.

Falta una cuestión aquí: ¿qué hacer en los casos de malformación grave del feto? Otra, que nunca oigo, es: ¿por qué tiene la madre toda la capacidad decisoria respecto a abortar o no pero si no lo hace puede reclamar manutención al padre, cuando él no tiene derecho a participar en la decisión? Pero no les voy yo a resolver todas las dudas. Acabo aquí mis incursiones cibernéticas por los terrenos de la bioética. Por ahora.

jueves, 19 de noviembre de 2009

El debate de hoy: el aborto (II)

No hay malas razones contra mi idea de que sería moralmente reprobable desconectarse del violinsta en el caso que mencionaba en la anterior entrada; y mucho menos de que sería legítima una ley que obligara a los individuos a permanecer conectados.

Decía yo que el hecho de ubicar el derecho a la disposición del propio cuerpo por encima del derecho a la vida debería acompañarse de un análisis concienzudo de ambos derechos. Se ha intentado (y me ponen contra las cuerdas). La idea es esta: el que X tenga derecho a la vida no debe suponer que X tiene derecho a que se le facilite todo aquello que necesita para vivir. (Nótese también la repercusión de esta idea para la Filosofía Política; en especial para el llamado Estado de Bienestar).

Por ejemplo, imagínese que enferma usted de "la enfermedad del beso de Scarlett Johansson". Usted morirá a menos que Scarlett Johansson venga y lo bese a usted en la boca. ¿Es moralmente reprobable que Scarlett no se avenga a semejante acción? ¿Sería legítimo que la ley obligara a Scarlett Johansson a ello?

Quienes defendemos que existe una obligación del sujeto a permancer conectado al violinista estamos defendiendo que existe el derecho del violinista a permanecer conectado, y esto implica, en buena lógica, defender que la ley debería obligar a S. J. a venir a besar a todo enfermo de dicho mal. Resulta problemático.

(V. Op. cit., es decir, Debate sobre el Aborto, J. Jarvis et al.)

miércoles, 18 de noviembre de 2009

El debate de hoy: el aborto

Judith Jarvis Thomson («Una defensa del aborto») platea:

«Usted se despierta una mañana y se encuentra en la cama con un violinista inconsciente. Se le ha descubierto una enfermedad renal mortal, y la Sociedad de Amantes de la Música ha consultado todos los registros médicos y ha descubierto que sólo usted tiene el grupo sanguíneo adecuado para ayudarle. Por consiguiente le han secuestrado, y por la noche han conectado el sistema circulatorio del violinista al suyo, para que los riñones de usted puedan purificar la sangre del violinista además de la suya propia, y el director del hospital le dice ahora a usted: «Mire, sentimos mucho que la Sociedad de Amantes de la Música le haya hecho esto, nosotros nunca lo hubiéramos permitido de haberlo sabido. Pero, en fin, lo han hecho, y el violinista está ahora conectado a usted. Desconectarlo significaría matarlo. De todos modos, no se preocupe, sólo es para nueve meses. Para entonces se habrá recuperado de su enfermedad, y podrá ser desconectado de usted sin ningún peligro.» ¿Le incumbe a usted moralmente acceder a esta situación?»

Respuestas:

(a) No estoy moralmente obligado a mantenerme enchufado durante 9 meses al violinista porque yo tengo derecho a disponer de mi propio cuerpo.

(b) No estoy moralmente obligado a mantenerme enchufado durante 9 meses al violinista porque yo no elegí enchufármelo.

(c) Una vez que el violinista ha sido enchufado, estoy moralmente obligado a mantenerme así los 9 meses siguientes; en caso contrario, comentería un crimen.

Consideraciones:

La respuesta (a) me parece incorrecta, dado que no creo que el derecho a disponer del propio cuerpo pueda prevalecer sobre el derecho a la vida de otra persona. Debería acompañarse, en todo caso, una definición escrupulosa del derecho a disponer del propio cuerpo y del derecho a la vida.

La respuesta (b) me parece incorrecta, dado que no creo que la manera en la que el violinista ha llegado a estar enchufado a mis riñones constituya un dato relevante para decidir si desenchufarlo constituye un crimen o no.

Al contrario de lo que pensé durante mucho tiempo, actualmente me decanto por (c).

Ahora bien:

El símil con el embarazo y el aborto es, claro, imperfecto. Dado que el violinista fue enchufado sin mi consentimiento, sólo ejemplificaría un aborto por razón de violación o de fallo de anticonceptivos.

Para ejemplificar el fallo de los anticonceptivos se me ocurre alargar la historia: a sabiendas de que la Asociación de Amigos de la Música andaba detrás de mí con esas intenciones, tomé todas las precauciones razonables para evitarlo, sólo que fallaron. Yo a esto diría que todos somos conscientes de que cualquier método anticonceptivo puede fallar alguna vez. No sería un argumento válido, pues, el que dado que mi embarazo sucedió a pesar de mis esfuerzos en contra, el aborto no es moralmente reprobable.

Sobre la justificación del aborto por violación, repito mi rechazo a la respuesta (b): ¿el derecho a la vida de un feto depende de la manera en la que llegó al útero? ¿Qué aspecto moralmente relevante puede suponer la manera en la que se produjo la cópula?

Eso sí, como se aprecia, el símil del violinista parte de una persona adulta y, por tanto, de un sujeto con derecho a la vida. Soslaya, así, a mi modo de ver, el aspecto fundamental del problema, el de cuándo el feto comienza a ser humano y, por tanto, a tener derecho a la vida. Con todo, es interesante en cuanto dilema ético en sí y, además, en cuanto que sí representa importantes aspectos del aborto en caso de violación o fallo de anticonceptivos. Aparte de que muchos de estos abortos se producen en meses avanzados de la gestación. (En España, el plazo legal para el caso de violación es de 12 semanas y de 22 para el de malformación fetal; no hay limitación temporal, sin embargo, para el de grave riesgo de enfermedad física o psíquica del feto. Con todo, esta ley quedará en breve anticuada).

Si se me regala un nuevo atardecer como el de hoy, prometo nuevas reflexiones.

martes, 17 de noviembre de 2009

Albert Esplugas y yo sobre la desregulación

Disfrutamos aún, por aquí al menos, de la penúltima prórroga del verano. Decía Goethe que no había nada tan agradable como un paseo al atardecer tras un día bien aprovechado. Sigo la máxima cada vez que puedo; muevo las piernas con cierto frenesí, con la esperanza de que ayuden a poner orden en mis ideas. Me siento, meditabundo, bajo un crepúsculo soberbio, y a Ana le sale la foto que ven. Se comenta sola.

Esta tarde deglutiré el mentís que Albert Esplugas me ha dirigido, acerca de las ideas sobre desregular la enseñanza que desarrollé en una entrada hace no demasiado. Se trata, como siempre en Albert, de un mentís certero. A mí mismo, de hecho, me quedó un sabor extraño tras exponer dichas ideas, ya que soy un defensor de la concepción popperiana de la política - e incluso de la moral - como una obra de experimentación, de ensayo y error. Como en ciencia, sin dogmas, sin tesis apriorísticamente establecidas.

Gracias, Albert, más grano para el molino de este atardecer que, ups, ya casi está aquí.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Franco y las lenguas (desde los acantilados de Irlanda )

Los míticos Cliffs of Moher, sublimes, ventosos, salvajes. Una de las mayores atracciones turísticas de Irlanda; muy bien explotada, por cierto, con su aparcamiento a precio de robo armado y su entrada abusiva. En una de las zonas que, me aseguraron, era un reducto del gaélico. Se supone, en realidad, que el reducto es la zona de Connemara, y por allí nos perdimos y, doy fe, la lengua de la calle es, exclusivamente, el inglés.

El fomento del gaélico en Irlanda resulta tan artificial como el del eusquera en Vitoria o el sur de Navarra o el valenciano en ciertas zonas de la actual Comunidad Valenciana.

Yo, cada vez que he mantenido alguna conversación a este respecto con un nacionalista, me he topado con el mismo argumento histórico antes o después; en resumen: "ambas lenguas no partimos del mismo lugar, por la prohibición de la dictadura". Es cierto que hubo el intento de unificar la lengua de la enseñanza y administrativa en general; como es cierto que se llegó a encarcelar y pegar a gente por el simple hecho de hablar la que era su lengua materna. Terrible y absurdo. Pero hay una parte de la película poco conocida. Creo que conviene aclarar ciertas circunstancias que, sospecho, son ignoradas por muchos:

1. Franco nunca aprobó una ley prohibiendo las otras lenguas de España. No existe tal ley. Se fomentó la idea de que lo patriota era hablar español, pero una ley tal no existió nunca. Esto tuvo dos consecuencias: (a) la situación lingüística de España quedó abierta a múltiples paradojas. Se consideraba antipatriota hablar las otras lenguas pero, por otro lado, se tomaban medidas que las defendían; (b) el trato dado al resto de lenguas dependió casi en exclusiva del talante de autoridades locales (o incluso de la Guardia Civil del lugar).

Sobre lo paradójico de la situación: Desde 1952, el obispo de Vich no utilizaría más lengua pastoral que el catalán, sin que nadie dijera ni Pamplona. Sin embargo, solicitado el permiso para publicar una revista literaria en catalán, el gobernador, Felipe Acebes, contestó: "¿Ustedes creen que hemos hecho la guerra para que el catalán vuelva a ser de uso público?"

2. Más datos que conviene recordar siempre:

- Desde 1945 es obligatorio el estudio del catalán en todas las Facultades con estudios de Filología Románica.

- Desde 1944 se pueden obtener versiones en catalán, valenciano, gallego o eusquera en notarías y registros de cualesquiera documentos de fe pública, a petición de los interesados, atendiendo a una resolución del ministro Eduardo Aunós.

- Las ikastolas, es decir, los centros educativos íntegramente en eusquera, se aprobaron oficialmente 8 años antes de la muerte de Franco; y, es más, ya antes se hacía la vista gorda hasta tal punto de que en los últimos 20 años de franquismo , éstas poseían una matrícula de muchos miles de alumnos. De hecho, en 1974 tenían, ni más ni menos, 35.000 alumnos.

- Hasta tal punto no había animosidad oficial contra el eusquera al final de la dictadura que J. Juaristi cuenta: "A comienzos de los años '70 yo recibía clases de eusquera en la universidad y escribía artículos en esa lengua para seminarios perfectamente legales. Cuando, finalmente, la policía franquista me detuvo, lo hizo por motivos muy distintos. Es más: intenté en vano encubrir ciertas reuniones clandestinas con la coartada de unas clases de lengua vasca."

- Gabriel Aresti, por ejemplo, aprendió eusquera y publicó su obra sin excesivos problemas. ¿En qué época, exactamente, vivió? 1933-1975.

- Esta anécdota es, de verdad, deliciosa. Jorge Ventura era un separatista catalán que escribía en una revista oficial falangista (sí, lean bien esa frase). En su artículo "Represión de las lenguas vernáculas en Francia", se queja amargamente de la política lingüística francesa y pone, como ejemplo de tolerancia lingüística... la España de Franco.

Más de 30 años ya poniendo a Franco como excusa. Y poniéndolo para hacer sin escrúpulos lo que ni él mismo llegó a hacer. Yo, al menos, he visto los Cliffs of Moher. Que me quiten lo bailao.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Revisitando la nieve y Suecia

Así nos recibieron las montañas leonesas cuando, no hace tanto, marchábamos rumbo a Asturias. Con nieve. No copiosa, pero cuajada. Veo en los telediarios que cae estos días, y sí es copiosa, por toda León. ¡Me gusta tanto verla caer! Y si esto es León, qué no estará cayendo en Suecia.

Me contaba un colega sueco en qué, exactamente, consistía el descomunal Estado del Bienestar que disfrutaron los suecos y al que me refería en la anterior entrada. Me decía que había ayudas, subsidios y becas para todos los gustos. Los permisos por paternidad y maternidad eran sempiternos. Abrir un comercio suponía un riesgo cero, dado que si, un día, se veía uno obligado a echar la persiana, el Estado soltaba una pasta para que fuera uno "reinsertándose" en el mercado laboral. Había funcionarios por doquier y todos muy bien pagados. A los estudiantes y profesores, de todos los niveles, la cantina les era prácticamente gratuita; había bocadillos y zumos que corrían por parte del Estado. Imagínense cómo eran las coberturas educativas y sanitarias: prácticamente infinitas.

Como ya comenté, se realizó un estricto ajuste fiscal. Algunos de estos subsidios, ayudas, prestaciones, etc. quedaron por el camino. Lo llamativo, como también señalé, es que no han sido demasiados los sacrificios; en materia educativa y sanitaria simplemente se ha aceptado que el hecho de que el Estado asegure un servicio no es sinónimo de que sea el propio Estado el responsable de generarlo. Y mucho menos en régimen de monopolio. El voucher vino a resolver la cuestión.

Ahora bien, no se debe escamotear el hecho de que la protección hiperpaternalista del Estado sueco sí llegó a su fin. De hecho, iba a acabar la entrada de hoy con una bonita frase acerca de la nieve, en León y en Suecia, pero les voy a mandar deberes. Me van haciendo un comentario, aunque sea breve, de la siguiente afirmación:

Un Estado del Bienestar del tipo del que se instauró en Suecia se funda en la, cuando menos controvertida, creencia de que toda necesidad genera automáticamente un derecho.


Pongo nota.

martes, 3 de noviembre de 2009

No sólo nieva en Suecia (O de las peripecias del Estado de Bienestar)

Un pelo nos faltó la pasada Navidad para, acogiéndonos a una tentadora oferta, echar la Navidad en Suecia. El frío, junto con otras consideraciones, nos hizo recular. La nieve, de todas formas, también llegó a casa para finales de enero. El sonido de mis pisadas sobre la nieve me resulta sólo comparable al del batir del mar.

Suecia ha sido el país que más ha avanzado en la senda del Estado del Bienestar. Un Estado tal que se hizo rayano el socialismo. Como es bien sabido, el problema de este tipo de Estado consiste en su congénita tendencia al crecimiento desproporcionado. El caso de Suecia es casi tan aleccionador como el de 1989. El corolario de 1989, sería, como ya ha dicho otra gente, que el comunismo asegura la igualdad a costa de la prosperidad, y el capitalismo asegura la prosperidad a costa de la igualdad; veamos qué podemos concluir del fiasco sueco.

Los precedentes son los siguientes. Suecia era (hasta los '70) la segunda economía de Europa (tras Suiza); regía una baja presión fiscal (inferior a la de Francia, Alemania e, incluso, a EE.UU.); poseía un reducido sector público (inferior al británico y al estadounidense). Entonces, la socialdemocracia, en el poder, dio un violento golpe de timonel.

1. De 1960 a 1990, la carga tributaria pasó del 28 al 56% del PIB. (De ser inferior a la de la OCDE en un 2'1% a ser superior en un 54'1%).

2. Esto permitió financiar un descomunal Estado del Bienestar. El gasto público pasa del 31% al 60%.

3. El empleo público se triplicó durante esos años. En concreto, entre 1965-85, el empleo en el sector privado disminuyó en 270.000 personas mientras el público crecía en 850.000.

Resultados:

1. Los impuestos y los rígidos acuerdos salariales redundaron en perjuicio para las rentas más bajas, pertenecientes, normalmente, a trabajadores poco cualificados. Éstos, sobre todo, pagaron el pato del poco empleo que se generó (que, además, era, en buena medida, público). Entre los años 60-90, Suecia generó un 25% de empleo; EE.UU., un 81%.

2. Entre 1990 y 1993, la cosa peta definitivamente. El PIB per cápita cae más de un 6%. Se pierden más de medio millón de empleos. El paro llega a la desconocida cifra del 13%.

3. Como consecuencia, el gasto público se dispara hasta llegar a más del 72% del PIB. El Estado sueco se reconoce incapaz de continuar con dicho nivel de gasto. El sueño ha acabado.

La senda de las reformas adoptadas es previsible. Hubo, claro, una profunda reforma del sistema fiscal y del sistema de subsidios y una reducción del sector público, materializada tanto en educación como en sanidad en el famoso voucher, el cheque de Friedman. El sistema de pensiones se ha reformado "a la chilena"; el ahorro obligatorio es el 18'5% del salario bruto, del que el 16% va a un sistema estatal, pero el sujeto dispone libremente del 2'5% restante para suscribir el plan de pensiones privado que desee (de los 700 autorizados). La pensión, además, se calcula de tal manera (diviendo las cotizaciones de toda la vida entre los años estimados de esperanza de vida) que incentiva la permanencia en el trabajo.

Estas reformas han sido respetadas tanto por el partido liberal como por los socialdemócratas cuando, con los años, volvieron al poder. Lo curioso de todo esto es que los ciudadanos no han perdido prácticamente prestaciones y, además, han ganado, gracias al voucher, en libertad de elección. Supongo que hay, dado que la presión fiscal ya no es voraz, una mayor desigualdad económica. No problem. Ése es un punto del liberalismo clásico que acepto: me repugna la miseria en términos absolutos; la desigualdad, aun grande, no. Contemplo con envidia las grandes rentas, no lo niego, pero no veo injusticia en ello. No permitamos que haya quien muere bajo un puente; no impidamos que se goce de los frutos del propio esfuerzo, intrepidez o, por qué no, suerte.

Esta Navidad tampoco iremos a Suecia, pero, eso seguro, cuando nieve, iré a sentir el sonido de mis pisadas.

(La foto, como siempre, me la hizo Ana).

viernes, 30 de octubre de 2009

Las civilizaciones y los horóscopos

Huntington es, con pocas dudas, el autor que más he oído criticar por gente que, punto y seguido, admitía no haberlo leído. Considero su obra fundamental, El Choque de Civilizaciones, una gran obra, un análisis extraordinario del mundo de la postguerra fría. No es cierto que se trate de un ultraconservador, de un neocon. De hecho, Huntington fue miembro del Consejo de Seguridad Nacional durante la presidencia de un demócrata, de J. Carter. Su aceptación sin complejos de lo cambiante de las sociedades - incluída la americana y su proceso de hispanización y africanización - , no puede ser aceptado por los conservadores.

Huntington, al contrario de Nostradamus o los horóscopos, no hace trampa; sus predicciones son muy concretas, y quería llamar la atención sobre algunas de ellas.

1) De todos son conocidos los últimos dimes y diretes entre Irán y EE.UU. a cuenta de la supuesta bomba atómica del primero. Huntington dedica ya diversas páginas a esta cuestión (citando de la edición española, v., por ej., p. 223). Téngase en cuenta que el asunto viene de largo; ya en 1995, el secretario de Estado norteamericano decía: "Actualmente, Irán está entregado a un esfuerzo concentrado para conseguir armas nucleares".

El ultimísimo movimiento, como sabrán, ha sido el de Obama afirmando que Irán tiene derecho a la energía nuclear siempre y cuando dé pasos para demostrar que la utilizará con fines pacíficos.

2) Por las mismas páginas, más o menos, se habla de la presunta arma nuclear de Corea del Norte. Tanto Clinton como Bush (padre) se mostraron tan preocupados por el asunto que se llegó a estudiar la posibilidad de un ataque preventivo contra instalaciones norcoreanas.

Huntington añade, no sin cierta sorna, que "un mes después de que el presidente Clinton dijera que a Corea del Norte no se le podía permitir tener un arma nuclear, los servicios de información estadounidenses le comunicaron que probablemente tenía una o dos." (P. 227).

Huntington, a este respecto, muestra su típica actitud de aceptación ante hechos consumados (como lo es para él el declive de la superioridad occidental en el mundo e, incluso, de que Occidente seguirá existiendo, como lo conocemos, en el futuro): "La proliferación de armas nucleares y de otras de destrucción masiva es un fenómeno clave de la lenta pero inevitable difusión del poder en un mundo multicivilizatorio." (p. 228).

Como sabrán también, el penúltimo capítulo de esta serie consiste en Obama declarando en la ONU que los programas nucleares de Corea del Norte y de Irán amenazan con llevar al mundo por una peligrosa pendiente.

3) Donde más lo clava Huntington (según mis apuntes) es aquí: "Resulta incierto que se mantenga la postura pacífica de Kosovo, musulmán y albanés, dentro de la eslava y ortodoxa Serbia". (P. 163).

Kosovo declaró su independencia en febrero de 2008. El libro está escrito en 1996.

No se ha producido ruptura, sin embargo, en otro territorio que Huntington también menciona como candidato a romperse: la Ucrania eslava y rusohablante del Este y la occidentalizada y ucranianohablante del Oeste.

4) Recientemente, han andado a la gresca varios países sudamericanos con Colombia, por el acuerdo de ayuda militar a que éste último ha llegado con EE.UU. Huntington señala que no puede haber una civilización sudamericana, debido a que toda civilización necesita su líder y Sudamércia tiene serios problemas al respecto. El candidato sería Brasil, pero no es castellanohablante. El otro candidato, México, ha intentado redefinirse y acercarse a una cultura norteamericana, y Chile podría seguirle. Venezuela, otro candidato, sería inviable hoy bajo Chávez, con una cultura indigenista y populista. Argentina queda como única opción, pero, dada la competencia, los demás países no la verán como líder sino como rival.

Así, las grandes diferencias internas y la competencia por la hegemonía en la zona, son los hechos que explican que los problemas entre los países sudamericanos puedan llegar a hacerse violentos (recordemos las escaramuzas entre Colombia y Venezuela, hace cuatro días, por la cuestión de las FARC). Y esto es, precisamente, lo que no ha sucedido en Occidente: "La guerra hegemónica ausente en la historia occidental es la guerra entre Gran Bretaña y los Estados Unidos, y es de suponer que el cambio pacífico, de la pax britannica a la pax americana, se debió en gran parte al estrecho parentesco cultural de ambas sociedades."

Lean a Huntington. No muerde.

lunes, 26 de octubre de 2009

Desregulando la educación

Muchos de quienes defienden el cheque escolar van algo más allá y defienden la desregulación total en cuestión de enseñanza. La idea sería ésta: una vez que el alumno queda libre, vía cheque escolar, para elegir el centro en que quiere estudiar, también debería quedar expedito el camino para que cada centro confeccionara su plan de estudios. Cada centro podría, así, dentro de un mínimo marco establecido por el Estado, configurar sus "vías formativas", con ciertas asignaturas y prescindiendo de ciertas otras, ubicadas en determinados cursos y no en otros, con cierto currículum diseñado, quizá, por el propio centro libérrimamente.

Como pueden suponer, cuando uno se atreve a torcer la cara ante dicha propuesta, el desregulador te espeta: "Eso que tú tienes se llama miedo a la libertad". Veamos, ¿a la libertad de quién tengo yo miedo?

1. ¿Tiene capacidad un niño/adolescente para elegir lo que le resultará conveniente estudiar en cada momento? ¿Y unos padres cuyos conocimientos en materia educativa serán, probablemente, nulos? Se hace hincapié, a veces, en que se trataría de una medida que, quizá, habría que dejar para los estudios universitarios. Lo mismo digo.

2. ¿Y qué sucederá con los centros que se decanten por un "currículo alternativo"? Declarándose seguidores del anarquismo epistemológico tipo Feyerabend, ofertarán como materias acupuntura, imposición de manos, horóscopos, lectura de manos y de bola de cristal y ufología; suena, en principio, más atrayente para la mente iconoclasta de un joven que Biología, Química, Latín y demás parafernalia científicamente contrastada.

El desregulador impenitente, ante esta reflexión, replica: "¿Ves? Miedo a la libertad. Y, por tanto, no permites que la gente se haga completamente responsable de sus actos. Al final, ningún joven se suicidará académicamente matriculándose de esas pamplinas, y ningún padre, tampoco, condenaría a su hijo a estudiarlas."

O sí. En EE.UU., lugar donde proliferan las sectas y pseudo-sectas como los caracoles tras la lluvia, se halla en auge el movimiento del homeschooling, la escolarización sin salir de casa. A veces con profesores privados, a veces con papá, mamá e internet. En la misma España, no se trata ya de un fenómeno desconocido.

3. Y, por lo mismo, ¿vamos a permitir que los padres, que los habría y muchos, lleven a sus hijos a escuelas de un cristianismo (o lo que sea) fundamentalista? ¿Nadie va a cerciorarse de que al niño se le explica la teoría de Darwin en vez del diseño inteligente o el mero creacionismo?

De hecho, yo pondría en duda que sea un acierto de la Constitución española el que la educación de los hijos sea responsabilidad exclusiva de los padres. Cierto que los padres tienen más derecho que ninguna otra institución a educar a quienes son sus niños, pero me temo que cabrían muchos matices aquí. De hecho, la propia ley en España, tras reconocer esto, obliga a que los padres entreguen a los niños al Estado, como mínimo, hasta los 16 años. Además, la propia Constitución dicta como uno de los fines de la Educación estatal el inculcar valores democráticos, esto es, si un padre quisiera inculcar a su hijo valores comunistas, nacionalsocialistas o anarquistas, estaría compitiendo con el Estado por los valores que se le inculcan a su hijo. Recordemos que la controvertida asignatura Educación para la Ciudadanía, al declarar que pretende inculcar valores de liberalismo democrático, ha encontrado críticas más acervas desde Cuba que desde la Iglesia.

Ante este tipo de réplicas, se contestará, por ejemplo, que debe primar "la tolerancia mientras no se produzca abuso físico o no pueda presumirse que los padres tienen la voluntad de perjudicar al menor." Y así, se debe apostar por "un proceso descrentalizado de prueba y error (un proceso de mercado) para experimentar con distintos modelos educativos". Y se añadirá que ejemplos relativos a escuelas fundamentalistas o del KKK son "de alcance limitado", casos extremos. Hay que recordar, entonces, que en EE.UU. han tenido que ser jueces quienes han dictaminado la obligatoriedad de explicar el darwinismo en clase de biología ante centros renuentes a ello.

4. ¿Son los niños/adolescentes o sus padres tan disciplinados y honrados que no se producirá, por ejemplo, una afluencia masiva a los centros que prometan altas calificaciones con un mínimo de esfuerzo? Posiblemente, con una mirada rápida a los currícula sería suficiente para hacerse una idea de si se trata de un centro de los duros o de los blandos.

"Pero", dice mi amigo el desregulador impenitente, "¿tú por qué quieres sovietizar a todos los niños?"

jueves, 22 de octubre de 2009

Desde Londres: el bono escolar (From London: Friedman's voucher)

Ana, el Támesis, el Big Ben y el Parlamento británico. No es mala foto. Allí, dentro de ese parlamento, lleva años analizándose el controvertido "cheque escolar". Y por gobiernos socialistas; el asesor en esta cuestión de Tony Blair visitó Milwaukee, la Meca de los defensores del cheque. (El alcalde de Milwaukee devolvió la visita).

La idea nace de uno de los grandes economistas ultraliberales, Milton Friedman, que la da a conocer en su artículo de 1955 "The Role of Government in the Education", recogido en su obra Economics and the Public Interest. La oportunidad se presentó cuando el huracán Katrina desoló Nueva Orleans, y al Estado le agradó la idea de no haber de reconstruir cientos de escuelas e institutos.

La idea, en realidad, es sencilla: el Estado entregará cada curso a las familias un cheque que cubrirá los gastos educativos. Repárese en la peculiaridad: el Estado continúa financiando la educación, es decir, ésta continúa siendo completamente gratuita para los ciudadanos, pero ya no invierte el dinero en una red pública, sino que lo entrega directamente al beneficiario. Educación pública pero sin red pública, podría ser el eslogan. Así, la tan cacareada "tercera vía" habría encontrado su lugar en política educativa; los liberales acérrimos pueden estar contentos, ya que, aunque el Estado continúa sufragando la educación vía impuestos, ya no será poseedor de centros educativos; y los pro-estatistas convencidos cederán la titularidad pública de la red, pero obtienen a cambio educación sufragada por el Estado. Cuando esto se aplicó en Nueva Orleans, mientras la reparación de la red eléctrica, de alcantarillado y otras cosas avanzó a ritmo tortuguiano, la red escolar fue rápidamente adquirida por los nuevos propietarios y en 19 meses se hallaba a casi pleno rendimiento.

Tras Nueva Orleans llegó Cleveland, Milwaukee, Arizona, Florida, Filadelfia, Washington DC, Nueva York City; en Europa: Suecia, Irlanda y Holanda; en Sudamérica: Chile; en Asia: Hong Kong. (Eso que yo sepa). Gran Bretaña parece el próximo candidato. (Ah, si lo que se están preguntando es cuánto dinero, exactamente, da el cheque, la respuesta es que en la mayoría de los estados andaba entre los 2.500 dólares de mínimo y los 4.000 de máximo, según la renta familiar).

Donde se plantea el voucher, se suscita una enorme polémica. Los sindicatos de profesores son los máximos oponentes. Arguyen, generalmente, que el cheque no es más que una forma de financiar a quienes ya estudian en la red privada (un dato: en Arizona, el 76% de los cheques se entregaron a niños que ya estudiaban es insituciones privadas). Los defensores apelan a la libertad de elección que se le abre al alumno desde ese momento: con su cheque, elige el centro que le parezca.

Maticemos algo más la cuestión. El cheque se instaura en lugares donde se les ofrece a los centros privados adherirse a dicha política o no, pero si se adhieren no pueden cobrar más de lo que el cheque ofrece, para que la familia no deba aportar ni un céntimo más. En algunos lugares - como se está planteando Gran Bretaña - , incluso se respeta la red pública, y el alumno puede elegir a qué instituto/colegio acudir, uno de los públicos o de los privados dentro de la red del cheque.

¿Alguien puede estar en contra de una privatización tan bellamente realizada? Sí, sí se puede. Veamos. ¿Quién posee centros educativos aparte del Estado? Existe alguna cooperativa o propietario por ahí, pero, en general, se trata de organizaciones religiosas. ¿Quién no ha tenido un amigo en los salesianos, franciscanos, maristas, etc.? Un dato empírico: en Cleveland, el 96% (¡!) de los alumnos beneficiarios del cheque lo entregaron a un centro religioso.

A mí me recuerda a aquello que le espetaba un diputado socialista, en la II República, a uno conservador que defendía vehementemente la libertad de elección de centro y de red: "No me vengan ustedes", decía, "con eso de la libertad de elegir centro; porque ya sabemos, en educación, lo que ha significado eso siempre: los niños para los curas."

Es cierto que, cuando un centro educativo decide aceptar el cheque, no puede discriminar por razones de religión, raza, etc. Y, como dicen los defensores del cheque: si se abriera de esta manera el mercado de la enseñanza, florecerían los centros educativos en manos privadas y laicas. Quizá. Dado el capital necesario, lo dudo, pero quizá. Y, en todo caso, de momento, ¿qué supondría el cheque? Una impresionante inyección de dinero público en las arcas de la Iglesia. De hecho, el caso llegó a la Corte Suprema de los EE.UU., que hubo de decidir si el cheque suponía una violación de la Constitución estadounidense, que prohíbe que ninguna ley beneficie una religión. La demanda venía del plan de Cleveland, que entregaba, concretamente, 2.250 dólares anuales a las familias elegidas (por cierto, por sorteo, dado que fueron muchas más la familias que deseaban acogerse al cheque que el dinero disponible). La Corte Suprema dictaminó que el cheque no viola la Constitución, pero sólo 5 jueces contra 4.

No toda la política de cheques tiene por qúe funcionar igual. En realidad, la de Milwaukee - la envidiada por Blair - es deseada por buena parte de los más acérrimos pro-estatistas; reciben el cheque las familias de ingresos más bajos. Sus niños, así, pueden acceder a centros de calidad contrastada.

¿Y los resultados? No me atrevo a pronunciarme. En EE. UU., especialmente, han proliferado los estudios en los lugares donde funciona el cheque; y las instituciones han intentado obrar con total transparencia, facilitando toda la información e, incluso, iniciando estudios propios que hacen públicos en sus páginas web. Pero basta leer un informe que parece demostrar que el cheque funciona para que aparezca otro desmintiéndolo. Buceen ustedes por ahí y fórmense su opinión. En principio parece que, si ha habido mejora o empeoramiento, no ha resultado espectacular.

Admiro en el cheque esa apertura de los centros educativos a la competencia a la vez que mantienen una educación sufragada por el Estado. Deploro la transferencia de fondos públicos a instituciones religiosas y, aún más, la posible transferencia de alumnos a instituciones religiosas.

Ahora, una vez que se instaura el cheque escolar, ¿existe educación pública? No, propiamente hablando, digo yo, dado que la titularidad de los centros es privada. Sí, dice Ana, dado que el proveedor del servicio, estrictamente hablando, es el Estado, que, finalmente, paga. Pero no paga, añado yo, vía centro, sino vía familia. ¿Y qué?, dice Ana. Y se abre así un debate largo, a pesar de lo bizantino. O quizá por ello. Y, claro, entre el debate y los horarios estúpidos de comidas y cenas a los que nos hemos habituado los españoles, nos han cerrado todas las cocinas londinenses. Siempre nos pasa igual.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Miscelánea

Hoy toca una entrada de Sola Scripta, pero, les aseguro, Bona Scripta. Si no han leído estos artículos, su vida no tiene sentido:

Del blog de Manuel Hernández Iglesias, profesor universitario y un jefazo de UPyD, donde se dicen cosas interesantes sobre la investigación universitaria en España.

Del mismo lugar, una reflexión sobre el viaje de Moratinos a Cuba.

¿Por qué hay tanta corrupción en España?, de un experto en la cuestión.


Si no los leeen, luego no hablen.

domingo, 18 de octubre de 2009

Oriente, sus valores y mi hermana

Unos monjes budistas pasan, con su cachaza característica, frente a mi hermana. Anduvo por Vietnam y Camboya. Ha venido encantada, claro. Frondosidad selvática, alegría de las gentes, gastronomía excelente, baja densidad turística; todos los ingredientes para convertirse en el viaje de su vida. En una foto se cena una piraña - dice que está insulsa - , en otra se calza una pitón a modo de bufanda. Me quedo, a pesar de mi anticlericalismo, con los monjes.

¿Pobreza? No se pasa hambre, me cuenta, pero, desde luego, el nivel de vida anda muy lejos del nuestro. No hay coches. Hay millones y milones de vespas, con la familia al completo (lo ratifico: me muestra una foto donde padre, madre, hijo y bebé en el brazo izquierdo del padre se acomodan con alguna leve apretura). Los hoteles son impresionantes, las casas de ellos paupérrimas. Han hallado una elegante solución: apenas entran. Cocinan fuera de la casa, comen fuera, lavan en un riachuelo cercano, y así todo. Incluso los comercios utilizan esa táctica y las peluquerías cortan el pelo en la misma acera.

Es cierto que los mercadillos rebosan de carnes, pescados, verduras y frutas a buen precio. Y me parecen, por las fotos, de excelente calidad; ahora bien, en lamentables condiciones higiénicas: las mercancías descansan en cacharros a ras del suelo - de un suelo, muchas veces, lleno de fango - . Las vendedoras, en su inverosímil postura oriental, siempre en cuclillas y descalzas, ubicando sus pies incómodamente cerca de su material.

Me llama la atención que no hay manera de ver un gordo; fotos de mitad de Ho Chi Minh (Saigón para los anticuados), atestadísima, y ni una barriga. Vietnam posee ya 87 millones de habitantes y, posiblemente, 87 millones de delgados. No es que pasen hambre, me explica mi hermana, es, más bien, que son de poco comer. Y ha dicho algo más profundo de lo que parece.

El ascenso económico de los países orientales - no Vietnam y Camboya aún - se ha producido sin la occidentalización de éstos. El espectacular desarrollo económico de los llamados "cuatro tigres", Hong Kong, Singapur, Taiwán y Corea, no ha conllevado el desfile automático de éstos a costumbres occidentalizadas o el abandono de sus lenguas en favor del inglés. Si a estos países sumamos Japón, con su peculiar cultura, y China, incluído el comunismo político y su tradicional irrespetuosidad hacia la democracia y los derechos humanos, se debe extraer una conclusión: a pesar de lo que se había pensado durante mucho tiempo, la democracia liberal y otras cuestiones tradicionalmente asociadas a Occidente, no son condición sine qua non para el progreso económico y tecnológico; los países del Este asiático y otros musulmanes así lo demuestran.

Pero sucede una cosa. Toda civilización está condenada a pensar que sus valores son universales. A los asiáticos, una vez producido el desarrollo, este pensamiento también los ha tentado. Mahathir, el presidente malayo, llegó a expresarlo así hace ya unos cuantos años: "Los valores asiáticos son valores universales. Los valores europeos son valores europeos". Como dice un politólogo de mi gusto: "La afirmación cultural sigue al éxito material; el poder duro genera poder suave".

¿Y cuáles son esos valores genuinamente asiáticos? Se trata de unos valores básicos promovidos por el confucianismo, que unen, en su diversidad, a los orientales.

1. Un anti-individualismo feroz. Es decir, la primacía de los intereses del grupo y país sobre los del propio individuo. Esto vale tanto para la empresa como para la familia, la religión o el Estado. El individuo ha de esforzarse por ellos, no viceversa.

2. Una ética laboral basada en la disciplina, la lealtad y la diligencia.

3. La frugalidad. Ya lo dice mi hermana: son de poco comer.


viernes, 16 de octubre de 2009

¿Somos idiotas? (y II)

7. Además, dado que la televisión ha ayudado a embotar la capacidad de abstracción, el interés de la gente ha girado de lo universal a lo particular. Es un hecho, parece que demostrado estadísticamente en EE. UU., que han comenzado a interesar las noticias sobre la propia ciudad en mucho mayor grado que las del resto del mundo. Nos hemos idiotizado y, con ello, aldeanizado.

8. La televisión ha potenciado la noticia fácil e impactante y, para ello, resulta impagable la entrevista al viandante que pasaba por allí (no comment) y la encuesta. Pero la encuesta pilla a traición al entrevistado, que se siente obligado a dar una respuesta. Los políticos llegan a tomarse en serio estas encuestas sin caer en la cuenta de que expresan una "opinión débil", esto es, no expresan convicciones intensas. La mayoría de las veces se trata de una opinión "inventada en ese momento para decir algo". Y muchas veces no es más que un reflejo de lo que dice el medio de comunicación al que se haya accedido. El corolario es: "Los sondeos no son instrumentos de demo-poder - un instrumento que revela la vox populi - sino sobre todo una expresión del poder de los medios de comunicación sobre el pueblo".
Ojo al dato: "Dos de cada cinco americanos no saben qué partido - y sólo hay dos - controla su parlamento, ni saben dónde están los países del mundo". ¿Por qué preguntar a gente que no sabe prácticamente nada sobre x qué piensa sobre x? Realícense encuestas donde se pregunte qué sabe la gente sobre x y, si no se sabe prácticamente nada, antes de realizar la encuesta preguntando por la opinión, inténtese resolver la cuestión del desconocimiento.

9. ¿Internet?

... las posibilidades de Internet son infinitas, para bien y para mal. Son y serán positivas cuando el usuario utilice el instrumento para adquirir información y conocimientos, es decir, cuando se mueva por genuinos intereses intelectuales, por el deseo de saber y de entender. Pero la mayoría de los usuarios de Internet no es, y preveo que no será, de esta clase. La paidèia del vídeo hará pasar a Internet a analfabetos culturales que rápidamente olvidarán lo poco que aprendieron en la escuela y, por tanto, analfabetos culturales que matarán su tiempo libre en Internet, en compañía de "almas gemelas" deportivas, eróticas, o de pequeños hobbies. Para este tipo de usuario, Internet es sobre todo un terrific way to waste time, un espléndido modo de perder el tiempo, invirtiéndolo en futilidades. Se pensará que esto no tiene nada de malo. Es verdad, pero tampoco hay nada de bueno. Y, por supuesto, no representa progreso alguno, sino todo lo contrario. (Un par de notas al pie suprimidas).

10. Conclusiones.

Actualmente, proliferan las mentes débiles, que proliferan justamente porque se tropiezan con un público que nunca ha sido adiestrado para pensar. Y la culpa de la televisión en este círculo vicioso es que favorece - en el pensamiento confuso- a los estrambóticos, a los excitados, a los exagerados y a los charlatanes. La televisión premia y promueve la extravagancia, el absurdo y la insensatez. (...)
Pero aunque no desespero, tampoco quiero ocultar que el regreso de la incapacidad de pensar (...) al pensamiento es todo cuesta arriba. Y este regreso no tendrá lugar si no sabemos defender a ultranza la lectura, el libro y, en una palabra, la cultura escrita.

De Giovanni Sartori, Homo videns, la sociedad teledirigida.

¿Somos idiotas? (I)

La idea de que la televisión nos ha idiotizado es tan antigua, probablemente, como la propia televisión. Sartori ha desarrollado esta idea con lucidez. Intento recomponer su argumento.

1. Pensar requiere el trabajo con conceptos. El ser humano se caracteriza, precisamente, por ser un animal simbólico; el lenguaje le permite discurrir gracias a que le ofrece la capacidad de conceptualizar la realidad, es decir, de hacer presente una realidad que no es inmediatamente presente a los sentidos y de generalizar. El ser humano, en cuanto ser pensante, es, inevitablemente, un animal loquax, un animal que habla.

2. El texto escrito y el discurso hablado obligan a discurrir, dado que estamos ante el discurso simbólico y, por tanto, conceptual. Pero la televisión introduce un elemento: la imagen. Ésta, en televisión, prima sobre la palabra. "La televisión invierte la evolución de lo sensible en inteligible (...), produce imágenes y anula los conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender."

3. Es un hecho empírico que los niños son grandes consumidores de televisión. De hecho, han consumido ya una ingente cantidad de televisión antes de aprender a leer y escribir. No podemos escamotear este hecho, dado que, debido a él, se está creando un nuevo ser humano, un ser humano al que le cuesta sobremanera comprender un discurso de alto contenido conceptual, ya que su educación se ha desarrollado mediante imágenes. Ha nacido el video-niño. Y con él, el homo sapiens pasa a homo insipiens.

4. Se debe señalar que la imagen, por sí sola, nunca enseña nada. Lo que se ve no produce ideas; la relación es la contraria: lo que se ve se interpreta mediante nuestras ideas. Cuando el homo sapiens se convierte en homo videns, se ha vuelto más idiota. Sartori dictamina que "el acto de ver está atrofiando la capacidad de entender."

5. Todo esto ha conllevado la famosa "emotivización de la política, es decir, una política dirigida y reducida a episodios emocionales." La política se ha convertido en una apelación a los sentimientos, y esto es peligroso. Lo es porque los asuntos políticos deben discutirse racionalmente, y requerirán, de seguro, conceptos abstractos - libertad, justicia, etc. - , donde hay sentimientos no habrá argumentos.
Esta emotivización nos convierte en más manipulables. Es difícil enardecer una masa, en un sentido u otro, sólo mediante prensa escrita, complicado mediante la radio, pero fácil mediante imágenes televisivas. Esta consecuencia de la televisión está revelándose como funesta para la democracia.

6. La televisión, además, dada su necesidad de emitir imágenes continuamente, ha hallado un problema: el agotamiento de eventos noticiables la obliga a crearlos. Se ha visto impelida a crear un personaje de quien no había razón para que lo fuera o a prestar atención a hechos que, prima facie, resultan absurdos como noticia (véanse los telediarios del verano o el minutaje dedicado a los deportes). Nace, de esta manera, el pseudo-acontecimiento, es decir, "el hecho que acontece sólo porque hay una cámara que lo está rodando, y que, de otro modo, no tendría lugar."

martes, 13 de octubre de 2009

Königsberg y Kaliningrado y la globalización

La carretera parte los campos infinitos de la mítica Prusia Oriental. Y, de repente, la frontera de Polonia con Rusia. Mal día hemos elegido para adentrarnos: diluvia. Prusia, el antiguo corazón de Alemania; la más prestigiosa universidad de su época; la patria del filósofo Immanuel Kant. Viajamos, Ana y yo, solos en la carretera. Un mar de maizales nos envuelve. El maíz y la lluvia y nosotros, no hay más. Kaliningrado es actualmente un territorio dejado de la mano del gobierno ruso; un territorio depauperado, entregado al vodka y las jeringuillas.

Sé que más maíz aún podría encontrar en otros lugares; y recuerdo unas cuantas teorías que me hacen pensar. Teorías, esta vez, sobre la llamada globalización:

1. Dice la teoría estándar que la globalización está perjudicando a los pobres, dado que los países ricos introducen sus mercancías en ellos, que no son capaces de seguir el ritmo y, así, ellos continúan su senda hacia la depauperización.

2. Dice otra teoría que a los países pobres lo que les hace falta es más globalización, no menos. Son los aranceles de los países más desarrollados industrialmente lo que está impidiendo que los países más pobres crezcan; Bielorusia o Chile podrían, literalmente, inundar todo Occidente con su trigo y, así, ganar mucho dinero. (Doy fe de que en Prusia Oriental hay mucho maíz, mucho).

3. Una teoría algo más elaborada. Me detengo aquí. Se trata de la idea de Gabort Steingart, expuesta en su libro The War for Wealth. El autor fue durante una larguísima temporada el corresponsal de la publicación alemana Der Spiegel en Washington. El libro se ha vendido más que bien. Steingart admite que (a) la globalización no está creando un mundo en el que todos ganan y (b) Occidente está cayendo derrotado ante países emergentes, especialmente, China e India.

La idea es que, al contrario de lo que se suele proclamar, la globalización está resultando nociva, especialmente, para los países más desarrollados. Resulta que al abrir los mercados, países sin apenas legislación laboral y, por tanto, con jornadas laborales extenuantes, con trabajo infantil, sin subsidios de ningún tipo, sin derecho de sindicación, etc. , introducen sus mercancías en países donde todo eso sí existe y, por tanto, juegan con desventaja. La globalización, sostiene el autor, no parte de un "campo de juego nivelado" (level playing field), y, se pregunta, ¿se puede mantener un sistema de libre intercambio con un país que no hace respetar el derecho de propiedad intelectual, que prohíbe los sindicatos libres, que prescinde de la protección del medio ambiente, que no posee un sistema público de pensiones, en el que las prestaciones públicas en materia de sanidad, seguridad en el empleo o de prevención de accidentes de trabajo son, prácticamente, inexistentes, en el que la mano de obra se halla semi-esclavizada? El corolario es que es Occidente, no los países en vías de desarrollo, quien ha de protegerse de la globalización.

En todo caso: como la teoría 1, se trata de una teoría neo-proteccionista, aunque por las razones contrarias. Steingart se considera, exactamente, un defensor de una tercera vía entre proteccionismo y librecambismo, donde se juegue limpio, es decir, se abran las fronteras sólo ante la constancia del respeto a los derechos de los trabajadores, del medio ambiente, etc. Tal y como ha quedado planteada la globalización actualmente, no hay fair play.

Todo esto es muy interesante, pero mi preocupación en ese momento es el diluvio que cae sobre la desierta frontera. Quedo embrujado mirando el comienzo de esa cosa tan rara llamada Rusia. "Olvídate", dice Ana, "no tenemos visado". "Ya, pero si echamos por ahí..." "Olvídate" repite ella, "si nos pasa algo en el coche allí, se nos cae el pelo"; "ya", insisto yo, "pero...", "ol-ví-da-te" subraya ella, siempre tan femeninamente sensata.