viernes, 24 de diciembre de 2010

Feliz Navidad (feliz, pero no libre)

Como todo se permite en Navidad, me permitirán que me repita e ilustre esta última reflexión del año con una estampa de mi estancia, en verano de 2009, en Polonia. Se trata de Ana en la Plaza Solidaridad, en Gdansk, Danzig. La plaza en cuestión recibe el nombre del famoso sindicato que acabó llevándose por delante al régimen comunista. En el corazón de la misma, el monolito que representa unas grúas o cabrestantes. Un poco más allá, entre emblemas y banderas del sindicato y retratos de Juan Pablo II, la puerta de los astilleros que fueron el mismo venero de Solidaridad y, por tanto, causa directa de la caída del Muro y la libertad de millones de personas. Stocznia Gdanska, dice el mastodóntico cartel de la entrada: Astilleros de Gdansk. En la verja, flores, vírgenes, Cristos, Juan Pablo, banderas. A un lado, una mítica tienda de souvenirs - tazas, pins, lápices, camisetas, calzoncillos - que ya existía en los tiempos en que allí, tras la reja primero y en la plaza después, se clamaba por la libertad: 


Como saben ustedes, a partir del próximo 2 de enero, España tendrá una de las llamadas ley anti-tabaco más duras del mundo. El propietario de un local pierde así la libertad de decidir si permite o no el consumo de una sustancia estrictamente legal. A los consumidores de ésta se les veta la posibilidad de poseer un lugar donde proseguir su consumo en grupo. No abundaré más en los argumentos, siendo tan repetidos estos días. 

No hace mucho, el Parlamento catalán prohibió las corridas de toros. Existen sesudos artículos acerca de si los animales son portadores de derechos o no, acerca de si la tauromaquia puede considerarse tortura o arte. Se trata de una cuestión, pues, moral y socialmente abierta, si me permiten la expresión: los legisladores la cierran sin despeinarse. 

Hablando del egregio Parlament, éste ha aprobado que los hoteles de más de cuatro estrellas deberán ofrecer pà amb tomaca en el desayuno. Quijotesco lance.

Hace apenas diez días, el Tribunal Constitucional español denegó a unos padres la posibilidad de educar  a su hijo en casa, el llamado homeschooling. Si bien la Constitución sólo habla de educación obligatoria, el susodicho Tribunal se lo toma por la tremenda y por educación sólo entiende escolarización en un centro reglado. 

En EE.UU., el homeschooling está tan desarrollado que algunos estados no cobran a los padres que lo ejercen los impuestos destinados a sufragar la educación pública. En EE.UU., es más, la Corte Suprema avaló el derecho de los Amish a no educar a sus hijos más allá del 8º curso (13 ó 14 años). De hecho, dado que rechazan la Seguridad Social, también prohibió que se les cobraran esos impuestos. Pero ya se sabe: es EE.UU.

He mencionado alguna vez - permítanme hoy la repetición - legislaciones liberticidas como las leyes lingüísticas de Cataluña, Quebec o Bélgica, la prohibición de Vermont de implantar grandes superficies comerciales en su estado o la de Quebec de ofrecer o adquirir servicios sanitarios que ofrezca la red pública. Me gustaría añadir la persecución a quienes deciden prostituirse, muy en boga ahora siguiendo el ejemplo nórdico. Hablando de ejemplo nórdico, ¿sabían que en Suecia llegó a estar prohibido contratar clases particulares? Todos los niños deben tener las mismas oportunidades, por lo que se multaba al padre que contratara profesor particular para el infante. 

No quiero decir que nuestros regímenes sean la Camboya de Pol Pot, pero sí que la vesania reguladora de nuestros políticos comienza a ser digna de Robert Owen. 

En fin, tengamos las fiestas en paz. ¡Y en libertad!
 
Y, por supuesto, quería desear a todos los que me hacéis el (incomprensible) cumplido de visitar este rincón, que no ofrece más que unas humildes reflexiones, que unas intrascendentes anécdotas, unas felices Navidades y un 2011 abundante en dicha, para ustedes y para los suyos. Y un abrazo, en particular, para todos aquellos que sufren escasez en estas fechas de abundancia: ánimo y confianza, amigos.

domingo, 12 de diciembre de 2010

La irracionalidad: London's Tower y el informe PISA

Lo que a espaldas de Ana se yergue, a la ribera del Támesis, es la Torre de Londres. Fue allí que Tomás Moro fue encarcelado por no transigir, ya ven ustedes, con el divorcio del rey del país, Enrique VIII. Tomás permitió que lo decapitaran antes de firmar un Acta que, a sus ojos, no constitutía un mero divorcio, sino la traición a los valores que vertebraban su moral. 

Saben los filósofos que el ser humano es la única criatura capaz de tomar decisiones contraevolutivas. El paradigma de este tipo de decisiones lo son el no tener hijos y el suicidio. Dos caras de la misma moneda: la cesación de existir, la anulación misteriosa de la voluntad de eternidad y perpetuación. Aquellos que se autocondenan al celibato y aquellos que, movidos por cualesquiera razones, se inmolan constituyen el gran misterio evolutivo: curas, monjas y suicidas conforman una especie aparte, una especie de humanos que, acometiendo una revolución antidarwiniana, han penetrado en un estadio superior (o inferior) de humanidad y conciencia.

¿Cómo explicar la acción de Tomás Moro bajo un patrón de racionalidad evolutiva? ¿Ofrecer la libertad y, finalmente, la vida por no firmar un decretillo? ¿Cómo comprender a los kamikazes japoneses que, superando el despotismo darwiniano, se arrojaban sobre los barcos yanquis en una guerra cuyo desenlance ya nunca conocerían?

Me han invadido estas reflexiones sobre la irracionalidad al tener noticia de los resultados del último informe PISA, ése que evalúa los conocimientos de los alumnos de 15 años de diversos países. España continúa, como es habitual, en niveles deplorables. Lo que antaño se llamaba Enseñanza Media se halla en España, actualmente, en estado de siniestro total. El defensor del pueblo ha dicho que en el 45% de centros se insulta habitualmente al profesorado e incluso en aquellos donde ello no sucede, el profesor invierte un tercio de la clase, simplemente, en mandar callar.Todo dicho.

La Enseñanza Media es la joya de la corona de todo sistema educativo. Cuando acaba una etapa de enseñanza básica, allá por los 13 ó 14 frescos años, comienzan los años en los que se forja realmente lo que será la columna vertebral de la cultura y capacidades del individuo. Sin esa columna, no habrá manera de desarrollar posteriormente una especialización adecuada - la que ofrece la Educación Superior - . Dicha columna vertebral es lo que se suele denominar Bachillerato. Los socialistas, con el aplauso de los sindicatos afines, impusieron y mantienen en España un Bachillerato ridículo - el más corto de Europa  junto con la colega Suecia - , por lo breve y por lo deslavazado. Impusieron, también, la famosa comprensividad, es decir, socialismo discente: todos los alumnos recibirán una enseñanza obligatoria e idéntica hasta los 16 años y las calificaciones, además, no tendrán repercusión alguna en el futuro a ningún efecto; ya se sabe: cada uno, lo que pueda, a cada uno, lo que precise. Sobre la motivación para el esfuerzo en este marco marxista, ya he hablado lo mío.

La Enseñanza Media ha experimentado una decadencia manifiesta en toda Europa desde los años '60, y España es el caso límite. La llamada reforma de Bolonia supone, a mi entender, la constatación de este hecho dramático. Es decir, la necesidad de que la Facultad haga el trabajo que el Bachillerato ya no es capaz de desarrollar. Y el Bachillerato debe y puede volver a ser el que era. No se precisa, en realidad, invertir un céntimo más; basta una ley racional. Y es que se habla mucho de la inversión en educación y parece que se olvida el para qué: ¿para contratar profesores de qué? ¿Para comprar material que mejora la enseñanza cómo? Con el sistema actual español, a mí me pasa, más bien, que me pregunto, como hace años leí a Rodríguez Adrados, ¿tan colosal gasto público para esta guardería nacional?

Los medios de izquierdas, si se han paseado ustedes por ellos, hacen hincapié en que el informe PISA ubica el sistema educativo español como el number one en equidad. Un presidente sudamericano, cuando le preguntaron si emprendería políticas socialistas en su pobre país, replicó: ¿y qué socializo, la miseria?

jueves, 2 de diciembre de 2010

Elche, UPyD y Fukuyama

Elche es el mayor palmeral fuera del mundo árabe. Ya he mencionado alguna vez mi consejo de que el caminante disfrute de un amanecer o crepúsculo (¿son ustedes más de lo uno o de lo otro?) por sus parques enclavados en un piélago de enjutas, esbeltas palmeras. El amanecer ofrece un arrebol limpio y promisorio entre las brumas que se disipan a la llamada del sol naciente; el crepúsculo muestra, entre la hoja de palma, un color como de sobrasada que se desdibuja, mortecino y silencioso, y se rinde a la noche que todo lo abarca. Yo soy de espíritu melancólico y me decido, por tanto, por el ocaso; espíritus más jóvenes o animosos se decidirán, supongo, por el orto. De gustibus non es disputandum.

Fue ahí, en Elche, que el líder del PP, M. Rajoy, invitó a salir del partido, con luz y taquígrafos, a los liberales. Extraña medida, dado que unos días antes, en un programa televisivo, se había declarado liberal (ahora bien, el contexto era el de la libertad para rotular en castellano en Cataluña). Se puede aseverar sin miedo al error que las bases del PSOE se sentirían cómodas bajo la etiqueta de "socialdemócrata"; con el PP, la cosa es más compleja, pero, en general, creo que no les molestaría la calificación de "liberal". Esto no quita, lo sabemos bien, para que uno realice una política furibundamente capitalista cuando toca y el otro un socialismo ejemplar cuando conviene. 

¿Y UPyD? Que la heterogeneidad en sus bases es enorme lo ha dicho ya mucha gente y no abundaré yo, pero me interesa resaltar el uso que esta formación hace del sentido común.Cuando Fukuyama predijo la consumación de lo que venía anunciándose desde tiempo atrás, la llamada muerte de las ideologías, lo hizo desde la perspectiva del triunfo global del liberalismo democrático. Ahora sabemos que Fukuyama erró. La crisis de 2007 pone en tela de juicio al capitalismo financiero, la de 2010 al Estado del Bienestar,  esto aparte del resurgimiento del socialismo en Latinoamérica o el desarrollo económico de países algo liberales pero poco democráticos (China o Rusia).

Con todo, la idea de que las etiquetas políticas constituyen redes de antaño incapaces de pescar los peces de hogaño, en orteguiana expresión, me es simpática, pero lo que percibo en UPyD no es tampoco, exactamente, esto, es la apelación al sentido común como deus ex machina. Vaya por delante que los miembros de dicha formación que conozco son personas sumamente inteligentes, preparadas y de un sentido común robusto. Pero el sentido común no responde a preguntas complejas. Es más, si son complejas se debe a que o bien el sentido común guarda silencio ante ellas o bien la respuesta es, precisamente, antiintuitiva. El sentido común no dicta nada en torno a los horarios comerciales o la política agraria (respecto al primero, UPyD se muestra sumamente liberal, en la segunda peperamente intervencionista).

Algún ejemplo. UPyD ha apelado a una discusión en un ambiente político menos crispado en el debate acerca del trasvase del Ebro. Es decir, a día de hoy no sabemos si apoyaría éste o no. Respecto al matrimonio homosexual parece adoptar una posición favorable, pero su fundador, F. Savater, habló del derecho de las matrimonios homosexuales a adoptar hijos como "crear huérfanos por ley". La misma líder, R. Díez, ha definido al partido como liberal, pero su diputado en País Vasco, Gorka Merino, se estrena pidiendo la restauración de un impuesto que es el culmen de la sobretaxación, el de patrimonio. En educación, UPyD posee, con diferencia, el mejor programa electoral en este sentido, de gran parecido con el del PP, pero totalmente opuesto al del PSOE: ¿a qué tanta monserga entonces con el pacto educativo? La LOGSE/LOE ha tenido en España su oportunidad (¡20 años de oportunidad!), dada la debacle ocasionada, ¿a qué cortejar más al PSOE? Apruébese de una vez un bachillerato como Dios manda y punto. ¿O votará en contra, llegado el día, por un quítame allá esas pajas con la tortuosa Educación para la Ciudadanía o su contrapartida de Religión? Sobre la recién aprobada ley del aborto, la líder echa pestes, pero Sosa Wagner sólo habla de un asunto de conciencia.

No se trata de que UPyD agrupe a gente diversa, cosa que en las democracias de masas está condenada a hacer cualquier formación, sino de que apelar al sentido común - o el Pacto - sólo difiere sine die la toma de posición. Y, quizá, el día que ésta se produzca, muchos integrantes descubrirán que no estaban en casa. 

¿Recuerdan ustedes la Agrupación al Servicio de la República? El partido político fundado por Ortega y Gasset, con Marañón, Pérez de Ayala y otros en tiempos de la República. UPyD se da un aire. Cuentan que las intervenciones de Ortega eran esperadas, escuchadas en sepulcral silencio, aplaudidas, comentadas. Pero el mismo maestro admitía que se trataba de una gente que estaba en la política como a disgusto, deseosa en el fondo de regresar a su plácida cátedra universitaria. La formación fue disuelta, unos marcharon en apoyo de la República, otros se alistaron en la Falange: ¿dónde estaba el sentido común?

martes, 23 de noviembre de 2010

Café irlandés (y los confines de Europa)

Soy un amante del café irlandés. Pueden ustedes imaginar, pues, cómo me frotaba las manos camino de la madre patria del elixir de mis delicias. Craso error. Sólo en contados lugares - el mítico Temple Bar de Dublín, p. ej. - tuve la oportunidad de  disfrutar de un buen Irish coffe. Abundaban los lugares donde, simplemente, no se ofrecía. Cuán dramática paradoja. Viene a mis mientes, empero, un lugar de Galway donde se anunciaba como especialidad de la casa: y no mentía. Se trataba de un lugar un tanto chabacano y repleto de borrachos que bailaban desmanotadamente. Sonaba Maggie May, de Rod Stewart.

Galway es una ciudad pequeña, vibrante, costera, hermosa y básicamente universitaria. La Bahía, como pueden observar en la fotografía, ofrece un gélido y fastuoso atardecer que atrae a turistas, deportistas y caminantes varios. Para mí, Europa comienza en Galway. Y acaba en las puertas de Rusia. (Haciendo a un lado las reservas respecto a Ucrania, los países Bálticos o Bielorrusia). ¿Rusia? Rusia no. Rusia es demasiado grande, demasiado heterogénea, demasiado diferente, demasiado autocrática: demasiado todo.

La OTAN considera, desde este fin de semana, que Rusia es un aliado, no un enemigo. Podría incluso colaborar en la instalación de escudos antimisiles en Europa. ¿Rusia dando el visto bueno a misiles americanos en la República Checa o Polonia? La actitud de Santo Tomás se hace preceptiva aquí. Con Rusia nos une un lazo ineludible: la lucha contra el islamismo radical. Si Chechenia accede a la independencia, con Rusia perdemos nosotros y gana el terrorismo árabe. Pero es que Rusia mantiene tropas en Georgia y Moldavia. Y es un inmejorable proveedor armamentístico de China.

Seré más explícito, pues es fácil perderse en el mapa de la geopolítica. Rusia no ha perdonado a la OTAN y la UE el no hacer de Polonia un país neutral, el apoyo a los gobiernos pro-occidentales de Ucrania y Georgia y la guerra de Kosovo con su ulterior independencia. Rusia opina que la genuflexión que realizó en los años '90 es cosa del pasado. Putin afirmó, de hecho, que el colapso de la Unión Soviética era la mayor catástrofe geopolítica del siglo. Europa depende energéticamente de Rusia, y supongo que algo tendrá que ver con lo sucedido este fin de semana, pero la clave es otra. La clave es que la OTAN y, en particular, la administración Obama le han dado carta blanca para sus tejemanejes en el Báltico y en Crimea a cambio de hacer algo que, en realidad, venía haciendo desde hace años: una desabrida declaración pública contra el programa nuclear iraní mientras, bajo manga, le continúa abasteciendo de algunas materias necesarias. Bush, por ello, no descorchó champán, Obama es de muñeca más agil.

Recuerdo tristemente un café irlandés pésimo servido en plena Dublín. Un tazón grandioso del desabrido café de máquina eléctrica, con un chorro de whiskey malo tirado a la buena de Dios, sin quemar, y sin una gota de nata o espuma. Decía un sabio que sólo el café irlandés contiene los cuatro elementos básicos para el hombre: cafeína, grasa, alcohol y azúcar. Yo coincido; sin embago, si ni en la madre patria aprenden a preparar bien la ambrosía de mi deleite y el trato a Rusia va a continuar esta senda, yo, aviso, me paso al vodka y punto.

martes, 16 de noviembre de 2010

Dragones, mazmorras, príncipes y la Merkel

Una ciudad con el músculo tenso en el centro moderno y un más que hermoso centro antiguo. Comercial, muy comercial en el moderno; feudal y aristocrática en el antiguo. La atracción principal del casco antiguo es el Castillo Imperial, en cuya entrada, como ven, posaba Ana este verano. Núremberg porta con encanto esa inestable dicotomía: negocio aquí, linaje allá. Ambos cromosomas en la misma célula no parecen interferir. La barahúnda a un lado, la tradición al otro. Se reunían allí, en el dicho Castillo, los príncipes electores, para, entre contubernios y cohechos, elegir al Emperador. Entre dádivas y vinos.

Se siente uno transportado en Núremberg al Medievo. Murallas, castillos, adoquines y canales. Pasa, de cuando en cuando, una banda de música, con flauta y tambor, visten los camareros a la manera bávara. Siente el visitante que verá desfilar, de un momento a otro, a los electores en busca de Emperador. Un Emperador el actual, la Merkel, que trae de los nervios a más de uno. Ha reunido a sus barones para ser ratificada en su puesto de la jefa de la CDU, a sabiendas de que eso implica ser ratificada como la jefa de Europa. The Boss. Algunos electores murmuran: una mujer, del Este y protestante. Ver para creer. Fuera del Imperio, parece que hay quienes - Portugal, Irlanda - se saldrían de buena gana del Euro, para poder devaluar, pero mientras tanto, es el de siempre quien paga la juerga. Los de productividad ejemplar, los de exportaciones envidiables, los de jubilación tardía. El Emperador.

Se han bifurcado definitivamente los caminos ante la crisis de deuda que padecemos: Obama prosigue su paseo por la senda keynesiana: más viagra hasta que el miembro económico se yerga; la Merkel blande su cara de póker - inquietante parecido thatcheriano - sin ánimo de estimular a nadie. EE.UU. se atasca, Germania levanta el vuelo. The Boss está ahora a este lado del Atlántico, quién lo iba a decir. Y si algunos abandonaran el Euro, los alemanes lo celebrarían, pero antes quieren las cuentas claras. Más de la mitad de los alemanes, de hecho, confiesan su deseo de retomar el Marco. Lógico: sus cuentas están claras, sólo les falta el chocolate espeso.

Cuando el agua de la deuda llega al cuello, hay tres salidas: pedir otro préstamo más grande, asumir que uno es pobre y buscar otro trabajo mientras deja de cenar fuera o dedicarse a robarle a los demás. Obama adopta la primera solución, la Merkel la segunda y los socialistas netos la tercera (esto vestido, claro, con los ropajes de solidaridad, alienación, plusvalía y no sé qué más). De hecho, y a propósito de éstos últimos, me viene a la cabeza una escena de la contestataria y aclamada Los Lunes al Sol: en la fábula de la hormiga y la cigarra,se nos cuenta, la primera es una hija de su madre. ¿Por qué acaparar en vez de dar? ¿Por qué ser hormiga pudiendo ser cigarra? Graciosa paradoja nos dibuja la situación: el neosocialismo aplaude arrobado a EE.UU. y dirige mohines resentidos a Alemania y le dicen como César a Bruto: ¿Tú, también,  das Vaterland, nos traicionas?

Tras visitar el Castillo Imperial baja uno, a trote ligero, hasta un restaurante que se asienta a la orilla del río. Un río pequeño, de éstos que atraen más mosquitos que agua. Obviamente, la estrella de la cocina local, tratándose de Núremberg, son las salchichas: Nürnberger Rostbrastswurst. No es que las salchichas constituyan un plato exótico, pero no las probará usted tan ricamente hechas a la parrilla como en esta ciudad dual. Pida también, mientras contempla el sol que ya se posa sobre el río, en un descenso lento y con aires de trascendencia, un muslo de pato con vinagreta de mostaza alemana. Y riéguelo con un vino blanco de la zona, mientras el sol se convierte en una incandescencia ocre y lánguida, sin olvidar que la cena debe ser frugal: la Merkel acecha.

martes, 9 de noviembre de 2010

Polonia y sobre cómo bajarse los pantalones (y otras cosas graciosas)

En un lugar céntrico y estratégico de Varsovia se yergue esta efigie del general De Gaulle. La idea me resultó en parte comprensible y en parte me confirmó la ignorancia de los propios polacos acerca de la cobardía y estulticia humanas – ellos, que se han doctorado en esa cuestión - .

De Gaulle, efectivamente, como todo francés, fue un gran defensor de Polonia; había que defenderla, se entiende, de los alemanes, que la consideraban suya por un derecho casi natural. Sin embargo, llegó la época del pánico y las maneras apresuradas, incluso para el sabio general francés, y hete aquí que todos - ¡hasta los americanos! – se alían con los rusos. Stalin había de salvarnos de Hitler. Pues bien, De Gaulle salió hacia Moscú y, dejando en la estacada al gobierno polaco en el exilio londinense, reconoció al gobierno polaco comunista. Sí, Stalin había de salvarnos de Hitler.

Hasta el propio Roosevelt tenía confianza en que Stalin le ayudaría a reconstruir una Europa democrática. Tuvo que ser Truman quien dijera basta; y, así, la doctrina Truman dicta, simplemente, que los americanos ayudarán, con armas o dinero, a todos los pueblos sojuzgados, acabando así con el acendrado aislacionismo americano – sí, acendrado y popular, señores antiyanquis, porque en EE.UU. sólo son intervencionistas las élites políticas federales, las gentes han sido, son y serán más aislacionistas que un albaceteño – .

Y, así, hasta Yugoslavia, hasta el intento de poner orden en Somalia, hasta el Golfo. Porque defender que la invasión de Iraq ha resultado una catástrofe olvida lo que los economistas denominan el coste de oportunidad: ¿sería el mundo más seguro si Iraq estuviera ahora controlada por los talibanes en vez de por los americanos? ¿Sería el mundo más seguro si Bin Laden manejara los hilos de Iraq, Afganistán, Yemen y Arabia Saudí? Puede que la doctrina Truman no implique irremediablemente un éxito rotundo en la defensa de la libertad, pero parece difícil empeorar la doctrina Zapatero, que, sin ánimo de ofender a nadie, consiste en bajarse los pantalones tras el café del desayuno, ponerse cara a la pared y anunciar que pase quien quiera.

Y van pasando: Venezuela, Marruecos, Irán. Porque son éstos, bien sabido es, quienes han de ayudarnos a construir un mundo nuevo de paz y solidaridad; como era Stalin para De Gaulle quien nos salvaría de la opresión hitleriana primero y - pensaría seguramente el general - de la opresión del hombre por el hombre que impone el capitalismo yanqui después. Stalin y el socialismo como salvación. Bien lo habrían de aprender los polacos.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Castilla: una de Keynes y otra de morteruelo

Castilla adopta ahora, gracias a la hoja caduca, un tono ocre que, remachado por el cierzo hiriente, le confiere una belleza honda y como reconcentrada. Es la belleza castellana una belleza sobria, diríase incluso grave. Si uno se acerca a la ribera de algún río - pienso yo en el Júcar, ¿usted quizá en el Guadiana?, ¿o el Duero tal vez?- , el vaho y la neblina que allí habitan se combinan, a estas alturas del año, con los verdes de los pinos y maleza diversa y el pardo de la hoja otoñal; la sinfonía de colores y de aromas, envuelta en bocanadas de aire gélido en la atardecida, adopta un aire de trascendencia ante un silencio denso.

Silencio que se rompe, regularmente, con las campanadas que escupe, fatigoso, el campanario. Señorea el pueblo y recorta el crepúsculo con la misma altivez, seguro, que en su mocedaz, pero se le percibe ya la senectud en lo desmayado de su llamada. Imagino unas campanadas otrora lozanas y nerviosas, filtrándose por puertas, ventanas y ventanucas. Suenan ahora lánguidas, rendidas a los padecimientos de tantos inviernos y fríos.

¿Se hizo Castilla, por ventura, para invitarnos a reflexionar sobre el paso del tiempo? No desencantaría mi protoidea a Azorín, Unamuno, Ortega. Ni a los poetas: y ya decía Gabinete Caligari que Bécquer no era idiota ni Machado un ganapán. Y, válgame Dios, vengo a pensar estas cosas en lo que fue - la placa no miente - el señorío del Infante Don Juan Manuel.

Me trajo a la Castilla honda un congreso. No es de los que hagan mucho currículo, pero pagaban cena y hotel. En el estrado, loas al Estado y severísimas reprobaciones a los mercados. Yo, no obstante, vine a hablar contra el keynesianismo. El keynesianismo es una manera particular de gasto público. Éste, como todo gasto, se puede realizar en muy diversos grados de eficiencia y racionalidad. Los planes de estímulo de EE.UU., p. ej., no constituyen keynesianismo sensu stricto: se han destinado a proyectos que aun cuando no hubiera crisis ni desempleo que vencer tendría sentido - y quizá sería conveniente - poner en marcha. Ésa es la clave. La fiscalización de ese dinero se ha realizado, además, de una manera nunca vista en la historia de país alguno (todos los ciudadanos pueden seguir por internet las peripecias de cada dólar). Eso no es keynesianismo. Keynes hablaba de poner a las gentes a hacer lo que fuera como excusa para darles dinero, p. ej., buscar las botellas llenas de billetes que el gobierno habría escondido antes en lugares estratégicos. Es decir, el keynesianismo americano ha sido muy matizado y sumamente racional, los Planes E zapateriles, sin embargo, han constituido un paradigma de keynesianismo como resulta difícil de hallar en todo el orbe afectado por la crisis.

Es cierto que ninguno de ambos planes, ni el obamita ni el zapateril, parecen haber estimulado la economía lo más mínimo. EE.UU. continúa con tasas de desempleo inverosímiles para el país - 9% - y España batiendo  vergonzantes récords - 20% - . Para ese viaje de desempleo no eran necesarias semejantes alforjas de déficit. Pero la tan cacareada economía del siglo XXI tiene ahora una infraestructura adecuada en EE.UU.: autopistas modernas, internet en cualquier rincón, tomas para el coche eléctrico, polígonos industriales de lustre... España tiene unas cuantas aceras nuevas, alguna piscina climatizada, con unas saunas y algún velocímetro. Spain is different.

Mientras cuento todo esto, las miradas me asaetean y los bufidos resuenan en la sala. Un hombre, en el público, se gira hacia Ana y le dice: no deberían dejar hablar a esta gente de derechas en estos foros.

Salimos, Ana y yo, en busca del remanso de paz que nos ofrecerá la Castilla recóndita cuyo campanario y hojarasca me han puesto metafísico. Hablando de metafísica, me pido un vino de la tierra y un morteruelo. ¿Lo conocen? Se trata de una especie de puré hecho con carne de caza. Esa carne negruzca y brava, de sabor fornido. El restaurante mira a las hoces del río. ¿Qué haría yo hablando de Keynes teniendo en la vecindad esta estampa de inaudita poesía, este vino, este morteruelo? Tenía razón el hombre: no deberían haberme dejado hablar.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Delft y los ingenuos (a izquierda y derecha)

Cuán briosa y abigarrada es Holanda (la fotografía corresponde, exactamente, a Delft, la patria chica del mítico pintor). Una sociedad desembarazada y permeable hasta el asesinato de Theo van Gogh, cuando muchos comenzaron a votar a partidos supuestamente xenófobos y se dispusieron a prohibir el burka. Y muchos se mostraron entre confundidos e indignados y no conseguían explicarse cómo Holanda - ¡Holanda! - hacía lo que hacía. 

La Merkel ha levantado ampollas también declarando recientemente que el multiculturalismo es un modelo social que "ha fracasado totalmente". Su ministro de Interior se ha apresurado a pedir el listado de inmigrantes que han rechazado el programa de integración. ¿Qué más integración se requiere, pregunta tanto la progresía como los más liberales, que el cumplimiento de las leyes? ¿Tanto os agrada EE.UU. dicen los primeros y atacáis un principio fundamentante de la sociedad americana?, ¡exacto!, replican los segundos. Y quienes estamos con la Merkel y con los holandeses ya no podemos ser ni liberales ni progresistas, somos inmediata y tristemente relegados al conservadurismo.

La diferencia esencial es que EE.UU. se conforma ya como un melting pot; su mismo embrión es un potaje de gentes, culturas y lenguas. Y aún así no se halla su historia libre, precisamente, de enfrentamientos raciales y encontronazos interculturales. No hablemos de Europa, en cuya conformación se busca la homogeneidad cultural y lingüística sobre todas las cosas, forzando deportaciones y cosas peores para consumarla. Y el hecho es que, con los inevitables matices, se consuma. 

Un auténtico multiculturalismo exigiría tolerar la familia poligámica - un edén de libertad pero también de inestabilidad constatada - , las llamadas al rezo - cambiando nuestras leyes del ruido - , una vestimenta que impide literalmente la vida en una organización social como la nuestra, un trato a la mujer, por lo general, bien conocido, etc. Es más, tenemos razones sobradas para pensar que cuando el islam entra por la puerta, es el propio multiculturalismo, y la libertad con él, quienes salen por la ventana. 

Por cierto, que los cursos de integración del ministro alemán no eran más que unas horas de alemán y otras de Historia y Constitución. Vamos, que la integración exigida es, como se ve, más que llevadera. A la parte liberal que defiende el multiculturalismo a ultranza yo le preguntaría si para pagarle a los innúmeros traductores que hacen falta en comisarías, juzgados, oficinas de empleo, ayuntamientos, etc. porque algunos inmigrantes no aprenden la lengua sí les place dedicar dinero público. A la progresía, multicultural porque es lo que toca, le exigiría, simplemente, que se aclare con lo del burka y el trato a la mujer y las anheladas piscinas de sexos segregados, etc. Me hace mucha gracia, ya lo he contado alguna vez, ver a la izquierda con el multiculturalismo entre las manos: como un niño con un juguete que pidió pero con el que, en realidad, no sabe qué hacer. Tanta gracia, me contestarán muchos liberales, como ver a muchos pretendidos tales convertidos en conservadores cuando asoma la cuestión multicultural. No se enteran: no es que seamos conservadores, ¡es que no somos ingenuos!

lunes, 18 de octubre de 2010

Postdam y la historia-ficción

Esto es Postdam, a las afueras de Berlín. Se trata de un barrio tranquilo que en verano recibe un chorro caudaloso de los turistas que buscamos eso: el famoso palacete del encuentro entre Truman, Churchill y Stalin. La zona es palaciega, exuberantemente palaciega, pero la historia contemporánea apunta sin ambages al Palacio Cecilienhof. Ciertamente, el palacete es bonito, y el precio por acceder a la sala exacta de los encuentros excesivamente elevado. En la puerta se conserva, como ven, la estrella roja plantada por el ejército soviético en el '45.

Los amigos se convierten en enemigos con facilidad. Y viceversa. Aquí es donde voy a parar: ¿qué hubiera pasado si, tras la derrota nazi, EE.UU. y Gran Bretaña (et al.) hubieran decidido continuar la guerra contra la ocupación soviética? El caso, como digo, de amigos convertidos en enemigos de la noche a la mañana es habitual en la historia: China y Yugoslavia para los soviéticos, Saddam Hussein y Bin Laden para los norteamericanos. ¿Por qué no Stalin en la época? Que aquello era un matrimonio de conveniencia no se le ocultaba a nadie. Bueno, quizá a algunos democrátas norteamericanos, siempre tan perspicaces ellos.

Era tal la superioridad norteamericana entonces, bélica y económica, que hubiera barrido con facilidad al tío Joseph. Éste, de hecho, era consciente de ello – y por eso no dijo ni pío cuando EE.UU. y Gran Bretañan sofocan la revuelta comunista en Grecia – . ¡Piénsese en la bomba atómica cayendo sobre Vladivostok o Novosibirsk! Puede hacer gracia si uno piensa en el doctor Lovestrange de Kubrick, pero, seguro, no hará ninguna si uno piensa en Hiroshima y Nagasaki.

Pero todo presidente norteamericano – y lo digo con toda la intención de meter el dedo en el ojo a quienes piensan que los americanos han querido ser un imperio – se han enfrentado, desde la Primera Guerra, al clamor de “traer nuestros chicos a casa”. De hecho, el contingente yanqui que queda en Europa tras la Segunda Guerra es ridículo; el del tío Joseph, colosal. 

Como colosal es el paseo que uno puede darse por los alrededores del Palacio Cecilienhof; lástima que el lago calmo y el croar de las ranas no inspiraran algo más de tino en Churchill y Truman: 

jueves, 7 de octubre de 2010

Mi hermana viaja a la India

Hay quien puede tomarse unas vacaciones en septiembre y, claro, el viaje sale delicioso. Sin apenas turistas, con las ciudades y las gentes viviendo en su propia salsa. Las fotos salen, como pueden ver, solas. No hace falta esquivar al turista, no lo hay; no se precisa poner la vaca, pasaba por allí. No, desgraciadamente, no hablo de mí, sino de mi hermana. Este año tocó la India.  Mi hermana confiesa no entender a los artistas que con pose existencialista y metafísica refieren sus diversos viajes al país, y añaden eso de que viaje tal constituye un viaje iniciático, una excursión hacia las simas de la propia alma. Ella dice, más bien, haber observado simas de suciedad e inhalado inquietantes tufos; las más sinuosas de su alma, ésas, no aparecieron.

La eclosión económica del país ha conllevado una drástica reducción del hambre, y dice mi hermana que se nota. Hambre, lo que se dice hambre, no se ve (al menos no fuera del sur del país, donde no ha estado). Los niños persiguen a los turistas, y éstos, a veces, les llevan frutan de los hoteles, pero ellos la guardan sin saber qué hacer con ella, dado que se trata más de un divertimento que de una llamada de socorro. Las calles, además, rebosan de comida, de sospechosa salubridad, pero accesible.
La suciedad sí es un problema. Se están haciendo esfuerzos por implantar el retrete, pero las gentes se han habituado a la visita al solar más que a adoptar una, para ellos, estúpida postura en una estúpida pseudosilla de porcelana. Las vacas, además, han sido prohibidas en Nueva Delhi pero continúan paseando y defecando por el resto del país. Los hombres orinan en cualquier lugar - literalmente - . Duermen, también, en cualquier lugar, incluidos los templos (mi hermana es la que adopta la preceptiva sonrisa profidén):


Si bien el país ha experimentado un crecimiento económico espectacular en los últimos años, se trata de un país al que le explotó la bomba demográfica en la cara. Afortunadamente, la explosión está bajo control y la tasa de crecimiento se encuentra estable en niveles aceptables. Eso sí, ahora a ver cómo se consiguen los servicios y las infraestructuras para la población existente. 
Para mediados de este siglo podría ser que la India superara en población a China, y estará por ver si es capaz de superarla económicamente. Si yo tengo más querencia por la India que por China es porque la primera se ha alineado con el mundo occidental y la última con Rusia e Irán - o sea, con todos menos con el mundo occidental - . En el verano de 2007 tuvo lugar una concentración morrocotuda en el bello mar de la Bahía de Bengala, un lugar estratégico en el noreste del Índico, junto a Bangladesh y Sri Lanka, dos colegas de China (junto a las Maldivas, Seychelles, las Mauricio, Myanmar o Madagascar, p. ej.). ¿Saben ustedes quiénes pasearon sus barcazas junto a los indios en susodicha concentración? Los EE.UU., Japón, Australia y Singapur. Dicen que a los chinos no les hizo mucha gracia el desfile. Ya se lo digo yo a mi hermana: a pesar de la cochambre y los olores... son amigos. 

jueves, 30 de septiembre de 2010

Asturias-Bruselas: el eje del humo

¿Qué les voy a decir a ustedes que no les haya dicho ya sobre la belleza de Asturias?:


¿Y qué les voy a decir que no les haya dicho ya, también, sobre la belleza de Bruselas?:


¿O sobre lo ciclópeo del edificio de la Comisión Europea?:


Ayer entró en conexión el eje León/Asturias-Bruselas para continuar envenenando nuestros pulmones, sometiendo a una insalubre labor a los trabajadores y malversar nuestro dinero. El carbón en España es deficitario desde 1967, cuando Franco decide crear HUNOSA para inyectar dinero público y mantener así vivo al enfermo agonizante. Las minas, como decía, ocasionan, además, diversas enfermedades pulmonares en sus trabajadores y en los lugares colindantes. Nada ha importado más a las autoridades competentes que acallar la protesta: el carbón español estará subvencionado - para que las eléctricas patrias compren carbón patrio - , aunque sólo hasta 2014.

Me dirán que existen familias - regiones enteras - que subsisten gracias a la minería. Y ése es un problema que hay que solucionar. Pero ya lo decía Reagan: el Estado no soluciona los problemas, sólo los subsidia.

jueves, 23 de septiembre de 2010

¿Se creen los igualitaristas sus propios argumentos?

Leí hace tiempo en una extinta bitácora un artículo llamado, creo que literalmente, "¿Se creen los antiabortistas sus propios argumentos?" La idea era que si uno tuviera constancia de que en algún lugar se están asesinando niños con la complicidad de la policía y, en general, del aparato estatal de justicia, acabaría por actuar directamente. El argumento es debatible, pero me da pie a aplicarlo a los igualitaristas. Mi reflexión aquí no consiste más que en una variación acerca de la repetida cuestión de cuán fácil resulta ser millonario y socialista. 

En principio, se me replicará, una vez que el actual socialismo ha mutado en socialdemocracia, abandonada queda la exigencia de que a cada uno se le dé según sus necesidades, y abierta queda, consiguientemente, la puerta a la desigualdad. Sin embargo, contrarreplico, la socialdemocracia, si aún posee algo de doctrina política propiamente dicha, y no un difuso progresismo o izquierdismo respecto a ciertas cuestiones sociales que igualmente pudiera defender un partido liberal (no conservador), acepta el mercado con el atemperante del papel redistributivo del Estado. (La crisis de la izquierda tras la caída del Muro ha sido ampliamente discutida, y Ana reflexionaba en  ello este verano viendo el centro financiero en que se ha convertido Postdamer Platz, puro centro otrora del Berlín Oriental). Así, mientras existan ciudadanos necesitados, no puede existir una fortuna honradamente ganada. Esto, quizá, podría darse cuando a todos los ciudadanos  se les hubiera asegurado un cierto nivel de satisfacción en sus necesidades.

Por tanto, continúa uno sorprendiéndose no sólo de la existencia de millonarios que se dicen socialistas o socialdemocrátas - es decir, igualitaristas - , sino de que alguno de ellos continúe utilizando el espurio argumento de "una fortuna ganada honradamente". Me estoy refiriendo, en concreto, a José Bono. Los beneficios declarados de la familia, en los últimos años, ascendían a más de un millón de euros por año. Saramago, por ejemplo, decía esperar morir "respetándome a mí mismo como condición para respetar a los demás y sin perder la idea de que el mundo debe ser otro y no esta cosa infame". Él, no obstante, hacía poco para ayudar: meses antes de morir fue condenado a pagar al fisco español 700 mil euros por el ejercicio de cuatro años. Es decir, los ingresos del premio nobel no debían de ser, tampoco, menudos.

Como ven, no se trata de ejemplos forzados: dos personas de tendencia socialdemócrata - es decir, igualitarista - que viven en un país y un mundo donde son muchos quienes sufren carencias de bienes básicos y ellos, sin embargo, prefieren amasar unos ingresos multimillonarios. (En semejante coyuntura ni hay ni puede haber para la socialdemocracia fortunas ganadas honradamente). La moraleja es que la creencia en un alto grado de igualdad y en la redistribución forzosa es muy débil, cuando no abiertamente hipócrita. QDE.  

Quizá no esté tampoco forzado añadir un comentario sobre los últimos resultados de las elecciones en Suecia. El país, antaño, con un elefantiásico Estado del Bienestar y con uno, aún hogaño, más que considerable, lo prefiere recortado y aseado. El mítico Partido Socialista Sueco ha obtenido los peores resultados desde los años veinte. El país con el más bajo índice de desigualdad y la segunda presión fiscal más alta de la OCDE prefiere avanzar en privatizaciones y retirada de privilegios a los sindicatos. ¿Se creían los suecos su propio Estado del Bienestar?

sábado, 18 de septiembre de 2010

Las ideas y los hombres y Salzburgo y Baviera

Desde la cima de la montaña de los Capuchinos se obtiene una bella vista de Salzburgo. Salzburgo es, como Austria toda, elegante y refinada. El amor austríaco por la buena música se agudiza aquí. También el gusto por el teatro, e incluso, a juzgar por lo abundante de las librerías bien surtidas, el amor por la lectura, subrayado aquí, tal vez, por constituir la ciudad de residencia de Stefan Zweig. Su hogar, un aristocrático palacete, queda a la vera del caminante que asciende la colina de los Capuchinos. Actualmente es propiedad privada y apenas se deja ver entre la tupida vegetación que cubre la alambrada. 

Me comenta un amigo, durante el café de la media mañana, que el nazismo nació en la Alemania del sur. El embrujo hitleriano, me dice, no atrapó a la Alemania norteña. Venían estas reflexiones a cuento de la película La Banda Blanca (una interesante lecutra de ésta se encuentra aquí). (Mi amigo afirma, envalentonado, que la película es anticristiana).

Algo no puedo negarle a mi amigo, ciertamente, y es que el nazismo viene de Austria y Baviera. Pero yo soy algo menos atrevido en mis interpretaciones. Existen diversas teorías sobre la génesis de los movimientos sociales. Se enfrentan aquí, básicamente, dos visiones. Una de ellas considera que las figuras visibles - gobernantes y demás - no son más que la encarnación de ideas que fluyen en la sociedad. Las ideas de la masa se sustancian de manera particular en un cierto organismo, llámese éste Hitler o Lenin. Otra teoría opina lo contrario: estas grandes figuras mueven los hilos, la masa social las sigue, o no, en mayor o en menor medida: ahí comienza y ahí se agota su papel en los grandes vuelcos históricos.

Paul Johnson, un historiador de prosa ágil, dice, hablando de Hitler y Stalin (traduzco de su monumental Modern Times): 

Ninguno de los dos hombres representaba fuerzas históricas irresistibles o siquiera potentes. Ninguno, en ninguna etapa, celebró ningún proceso de consulta a su pueblo, ni tan siquiera hablaban en nombre de un cuerpo colegiado autoproclamado. Ambos fueron solitarios y actuaron sin asesoramiento en la forma en que dieron los pasos fatídicos, guiándose por prejuicios personales del más crudo jaez y por otras visiones arbitrarias.

También añade Paul, a propóstio de la Revolución Rusa:

Había una tradición rusa de colectivismo granjero, basado en la comuna y las cooperativas de artesanos. Tenia la sanción de la Iglesia Ortodoxa. (...) Pero los granjeros nunca manifestaron el más mínimo deseo de "nacionalización" o "socialización": ni tan siquiera poseían palabras para semejantes conceptos.

Me resisto a admitir que el nazismo huela al valle verde de Baviera, a la colina de los Capuchinos de Salzburgo, al fresco aquilón del Tirol. No puede ser. Acúsenme de wishful thinking: pero no puede ser.

martes, 14 de septiembre de 2010

La Reforma y el Dinero (apuntes sobre el oportunismo)

Hay una tiendecita en el centro de Weimar, para seguir con tan encantador lugar, donde pueden ustedes adquirir, verbigracia, un juego como el que ven en la fotografía. Es decir, a un precio muy razonable se van ustedes con un juego completo de los billetes de la antigua RDA, y con el placer de haberlos adquirido en plena ex-RDA. 

El oportunismo de los políticos suele ser estratosférico, pero hay casos que merecen una reseña.  Imagine, por ejemplo, que usted es socialista convencido, y piensa, consiguientemente (como yo, sin serlo), eso de que la religión es el opio del pueblo; utilizando las palabras del mismísimo Karl Marx: 

La miseria religiosa es a la vez la expresión de la miseria real y la protesta contra la miseria real. La religión es el opio del pueblo, es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. (En Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, de 1844).

No obstante, en su República Socialista le han caído en suerte los territorios que, a la sazón, fueron las entrañas mismas de la Reforma. Le ha caído en suerte la ciudad natal de Lutero y todos los lugares, no pocos, por los que anduvo primero estudiando y luego reformando. Incluso el monasterio-castillo en el que der Reformator, como por allí se lo conoce, tradujo la Biblia al alemán, forjando así esta noble lengua:


Hablo del Castillo de Wartburg, con espléndidas vistas sobre el bosque turingio y donde, por un precio claramente excesivo, lo meten a usted en la alcoba de Lutero en un grupo con devotos protestantes, siempre más modestos en esto de las celebraciones pero, a juzgar por los visitantes, igualmente mitómanos. Eso sí, ya, después aprovecha uno para bajar a la ciudad, Eisenach, sorprendente - justo Patrimonio de la Humanidad - y hacerse un café frente a la casa donde Lutero estudió de adolescente:


¿Va usted a alguien de Erfurt o de Eisenach - como a los meapilas de los polacos - a cerrarle las iglesias noles volens? No, es más fácil al revés. Se hace de Lutero casi un comunista. Así, en la revista oficial del régimen, Neues Deutschland, se leía en junio de 1980: "Él fustigó las maquinaciones de las sociedades por él denominadas 'monopolios'. (...) Lutero conminó a las autoridades estatales a expropiar a semejantes compañías." Y, así, entre crítica a los monopolios y canto a las expropiaciones, Lutero queda - difusamente, eso sí - fichado para la causa.

Pero no, a quien ven ustedes en el billete de 5 Marcos no es Lutero, es Thomas Münzer, otro reformador, también turingio, que levantó en armas a los campesinos para luchar contra los señores tiránicos. No dejaba , empero, de ser un místico empeñado - y tiránico él en su empeño - de construir una teocracia cristiana.

Pero el dinero da mayores sorpresas. Ahí tienen, radiante, a Marx en el billete de 100 Marcos. En un billete - y de 100 - quien escribía esto:

El dinero es (…) el poder alienado del hombre, su actividad vital subastada. El dinero es el valor humano expresado en cifras, es la señal de nuestra esclavitud, el estigma indeleble de nuestra servidumbre. Los hombres que pueden ser comprados y vendidos sólo son esclavos.  (En La Cuestión Judía).

Deliciosa paradoja. Bueno, Thomas Münzer acabó torturado y decapitado por un ejército de esos señores tiránicos que, mire por dónde, se hallaba secundado por Lutero. Los reformadores-comunistas tienen, también, derecho a matarse entre ellos. 

Tampoco es paradoja pequeña la presencia de Goethe en la colección. Por abajo, el reformador Münzer y la comunista Clara Zetkin; por arriba, Engels, Marx, una familia con termitera al fondo y el escudo de la DDR: él, con extraviados ojos, parece preguntar, ¿pero qué hago yo aquí? Y, una vez más, el oportunismo es la respuesta.

martes, 7 de septiembre de 2010

Recuerdos de Weimar: Stresemann, la Constitución y el Apfelstrudel

Ustedes viajan a Alemania - no, nadie necesita ya a Ryan Air existiendo buenas ofertas por parte de Air Berlin - , y yo les propongo una jornada. Una jornada en Weimar, a donde pueden llegar, con la mencionada compañía, desde el aeropuerto de Núremberg, por ejemplo, en un par de horas.

Ustedes, como yo y como cualquiera, se hacen la fotografía de rigor frente al Teatro Nacional, a la vera de la estatua de Goethe y Schiller, y recuerdan que allí, en 1918 se reunió la Asamblea Constituyente:


Constituyente de la llamada Constitución de Weimar. Se dejan embaucar por una cierta emoción, un pelín cursi, pensando en el primer intento de que el pueblo alemán viviera democráticamente.

De ahí se dirigen a la calle Schiller, donde la casa de éste es una galería comercial. Por allí reflexiona usted acerca de por qué la República de Weimar derivó en nazismo. Se le vendrá a la cabeza con seguridad, la pronta muerte de Stresemann y Briand, dos diplomáticos como Dios manda, dos personas que, quién sabe, de haber vivido algo más, habrían evitado el Gran Mal. El plan Dawes comenzaba a levantar la economía, el Tratado de Locarno, donde Stresemann ratificaba las fronteras y a cambio se le condonaba parte de la deuda, marcaba el inicio de la auténtica concordia.

De allí marchan al jardín de Goethe. Encontrarán un palacete rodeado de un encantador parterre. Es momento de reflexionar acerca de hasta dónde podrían haber llegado las concesiones de Briand y hasta dónde eran necesarias para aplacar la ira - ¿hybris? -germana. Usted recuerda, claro, que las buenas relaciones entre Stresemann y Briand permitieron la evacuación de las tropas francesas de la cuenca del Ruhr. Usted se pierde, incluso, en pensamientos más generales acerca de cómo la política interior influye la exterior. Una cuestión poco explotada, así que se dice, sin a nadie confesarlo, que algún día encontrará el tiempo para investigar la cuestión.

Vuelta ahora, desde el jardín goetheano, al centro de la ciudad. En la plaza encuentra una sublime arquitectura y algún edificio famoso, cuyo pasado le exigirá alguna investigación en una buena guía de viajes.

Pero usted no se despista, y le da vueltas a cómo el electorado francés castigaba cada pequeño gesto de laxitud hacia Alemania. Y cómo las reparaciones, si bien disminuidas, debían abonarse puntualmente hasta 1988: no, no eran sólo los nacionalsocialistas quienes no podrían digerir semejante plato. 

Hablando de plato, con tanto andar le entró hambre. Usted emula a los nativos y al mediodía pica cualquier cosa. Baraja dos opciones; o bien el típico lacito de pan - Pretzel - con una salchicha, o bien la cadena Nordsee, que posee un local en la calle principal. Es cara para su calidad, pero le asegura, si es usted caprichoso, probar el pescado del Norte. No, usted no es caprichoso y se decide por el Pretzel. De beber es típico aquí el Schorle, mosto, que lo hay de naranja, manzana, vino, etc.

Tras el frugal piscolabis, tocan más fotos de rigor: la casa de Bach, el músico, de Humboldt, el lingüista filósofo, y de no sé quién más. Pero usted no pierde el hilo y, mientras callejea por esta ciudad, pequeña, afable, repleta de artistas callejeros, se pregunta por el perverso artículo 48. En un ataque de monarquismo, el sabio constitucionalista alemán permitió al Canciller gobernar por decreto cuando así le pareciera. Estaba pensado, claro está, para situaciones de emergencia, pero acabó ocasionando que el Reichstag fuera ninguneado. "Si los espartaquistas no hubieran incendiado las calles en el '18..." y explicaciones semejantes se le pasan a usted por la cabeza. La explicación fácil le hace caer en la cuenta de que el Pretzel lo dejó con hambre, y se permite un Apfelstrudel, la joya de la corona de los postres alemanes, esa peculiar tarta de manzana con crema de vainilla caliente por encima. La inyección calórica no debe preocuparlo: pasará usted la jornada entre caminatas y reflexiones.

Usted coje ahora el coche y se dirige al castillo de Schwarzburg, a las afueras. Allí firmó Ebert la Constitución. Se cuenta que estaba de vacaciones y buscaba relajarse, pero en realidad buscaba amparo ante la violencia en Berlín. Esto le da a usted pie a pensar en el papel del SPD en particular y de la socialdemocracia en general en la I Guerra. En concreto, piensa usted si será verdad eso de que al tomar la decisión de apoyar la Guerra cada Partido Socialista en su país, (1) la socialdemocracia toma la más sabia elección, desde el punto de vista estratégico, de su historia: la contraria lo habría sumido en la marginalidad; (2) ocasiona definitivamente la fractura con la facción más izquierdista de dicho movimiento y, (3) con la renunica al socialismo internacional, se da un paso definitivo hacia la renuncia al socialismo tout court.

Todo esto lo piensa usted contemplando, de vuelta a Weimar, el bellísimo bosque turingio. Usted baja hasta el hotel Leonardo, que le ofrece, gratuitamente, un yacuzzi con una hermosa cúpula acristalada sobre su cabeza. Cierra los ojos un momento y, cuando los abre, el negro manto ya ha cubierto los cielos. Usted siente las burbujas en la piel mientras recuerda un dato aterrador: Hitler nunca sintió la necesidad de promulgar una nueva Constitución. No existe una Constitución nacionalsocialista. Parece, piensa usted ahora, que saltarse una Carta Magna a la torera no es cosa de ahora. El golpe desde dentro, viejo conocido de los regímenes constitucionales.

Ahora sí, usted está hambriento y decide, mientras camina por la Belvederer Alle, de vuelta al centro, que no puede pensar más hoy, que se dedicará a respirar la humedad que despiden los sauces. Llegado a la ciudad, usted ya sólo piensa en una cosa: dónde cenar. Eso, yo, ya se lo he dicho. Anda que tendrá usted queja.

martes, 31 de agosto de 2010

Cantos de cisne (o sobre las mentiras del calendario)

Hablo de la cultura occidental. A mí, realmente, me interesan las personas; también los animales y si me apuran los paisajes, pero, ustedes me entienden, me interesan las personas y su bienestar por encima de las lenguas, las culturas o, por supuesto, las religiones. En parte se debe a un argumento nominalista: las sociedades, las familias y cualesquiera grupos que se considere no son más que un agregado de personas. Hablar de otra manera es recurrir a la metáfora. Las personas poseen un estatus ontológico genuino; las demás instituiciones, sólo derivado.

Así, pues, si me preocupa la desaparición de la cultura occidental, se debe sólo a que creo que eso, la llamada cultura occidental, supone el mayor logro de la humanidad, hasta la fecha, en cuestión de libertad y bienestar para los seres humanos. Ya desde largo, con Spengler o Nietzsche, se habla de la decadencia de dicha cultura. Europa es un animal exangüe, dicen unos; a EE.UU. le llegó su San Martín como potencia mundial, piensan otros; países occidentales o candidatos a ello - como Japón o Australia - se arrimarán al sol que más calienta - se orientalizará el uno, se asiatizará el otro - decía Huntington. 

Me resisto a creerlo. Éstas son, expuestas a uña de caballo, algunas de mis razones:

- La crisis económica, como todas las crisis, concluirá, y la UE y EE.UU. volverán a respirar a pleno pulmón, y el euro y el dólar volverán a ser monedas solventes, si es que alguna de ellas ha dejado de serlo. Es por ello que la UE - ese milagro geopolítico - y el euro - ese milagro políticoeconómico - deben ser tratados con tino. La primera debe desacelerar la incorporación de países que podrían lastrarla en el futuro, el segundo debe cuidar a los enfermos críticos - Irlanda, España, Grecia y alguno más - . 

- EE.UU. supone actualmente el 25% del PIB mundial; no creo que dentro de 10 años baje del 21%.

- Algunas de las más importantes economías emergentes, como Irán, China o Rusia, van sobradas de problemas internos. ¿Cuándo volverá la nueva oleada contestataria iraní? ¿Hasta cuándo en China se tolerará mansamente la férrea censura sobre las nuevas tecnologías? Por añadir otro concreto ejemplo: ¿las gentes de Arabia Saudita, Líbano o Emiratos Árabes van a tolerar sine die que se les prohíba el BlackBerry? Es posible que ello las debilite, mientras que  UE/EE.UU. se dedican a pagar su deuda con mayor tranquilidad.

- Relacionado con lo anterior: es difícil de disputar que tecnología y libertad para utilizarla, junto con bienestar material, suele originar occidentalización. Por cierto, que no la hemos definido; valga esto: democracia parlamentaria, Estado del Bienestar más o menos robusto, imperio de la ley, secularización masiva de la población junto con separación de Iglesia y Estado, grandes cuotas de libertad individual y de respeto a los derechos civiles y humanos, primacía de la racionalidad, bajos niveles de corrupción política y policial, etc.

- Si bien es cierto que algunas sociedades no occidentales, especialmente en el mundo árabe, han aumentado su sentimiento antioccidental y se vive un resurgimiento de movimientos nacionalistas o "nativistas", también lo es que algunas sociedades no occidentales se arriman a EE.UU. y no desean que éste abandone ya su inveterado papel de policía del mundo. No lo quiere, p. ej., la India, ni Nicaragua, ni Ucrania o Polonia, posiblemente tampoco Jordán, Marruecos, el propio Egipto, ni ya Líbano.

No, no asistimos al canto del cisne de Occidente, pero, tampoco hagamos un tabú de ello, sí del verano. La fotografía que hice hoy para ustedes lo hace patente: por mucho que madrileños y otros castellanos, ansiosos de agua salada inunden la playa, ya no picaba el sol, ya zarandeaba el aire las palmeras, ya se habían colado unas incómodas nubes brunas. La playa se llama "El Mar de Cristal", ¡qué bello nombre! Como bello ha sido este verano, este verano que - lo siento, de verdad que lo siento - ha llegado a su fin. 

Confesaré algo para acabar. Para muchos de nosotros, desde luego para mí, el año auténtico - no el del calendario - comienza el 1 de septiembre. Siempre he sido partidario de celebrar en dicha fecha el cambio de año. Con uvas y champán y confeti, si es preciso. Es ahora, en este postrero paseo que me regalo, que he hecho mis votos para el nuevo año, que me han acompañado cavilaciones acerca del paso del tiempo, que he bosquejado un breve resumen mental sobre lo hecho y lo por hacer en esta vida y en este año. Me dirán que aún queda verano, exactamente hasta el 20 de septiembre. Eso sólo según el mentiroso calendario. El verano - y para mí el año - acaba hoy, con agosto. Occidente no, pero el verano, admítanlo conmigo, dice hoy mismo adiós. Que tengan un feliz otoño.

jueves, 19 de agosto de 2010

Múnich: alegría y apaciguamiento

Múnich es una ciudad alegre; ya el taxista que me lleva del aeropuerto al hotel me dice que la ciudad tiene ein italienisches Flair, “un toque italiano”. Efectivamente, la noche se muestra más vivaz de lo habitual en estas tierras. En ciertos locales, percibo, se habla ligeramente más alto de lo que por aquí es cortés norma. Hay alegría. No me resulta tan alegre, empero, lo que aquí sucedió. En las afueras, fácilmente accesible en autobús, se encuentra Dachau, el terrible campo de concentración nazi. Aquí, en Múnich, se celebró también (1938) la conferencia donde Hitler acabó de envalentonarse ante la percepción de la llamada “política de apaciguamiento” que los demás países se gastaban con él.

Ana contempla, en la fotografía, de cuán trágica manera puede acabar la bienintencionada política de apaciguamiento: unos hornos crematorios para hacer desaparecer cadáveres. Y es que, si bien la reclamación sobre los sudetes (la población germana residente en Checoslovaquia) podía ser justa, mostrarse excesivamente condescendiente en política internacional suele acabar en funesto resultado. En aquel caso hubiera bastado con invitar a Checoslovaquia al evento, para aparentar, al menos, que no todo sería un "sí, bwana". Checoslovaquia dijo entonces, y no sin razón, que se habían adoptado acuerdos "sobre nosotros, sin nosotros y contra nosotros".

No es que uno sea partidario de tomarse las cosas a la tremenda, pero ¿qué ha sacado Obama con su política de apaciguamiento con el mundo árabe? Irán mantiene su secuencia de lapidaciones y se niega a la supervisión de su programa nuclear. Turquía intercambia material radiactivo con ella. Igual, por cierto, que el antaño adorado Brasil de Lula.

Nuestro actual gobierno, imbuido por la idea de la Alianza de Civilizaciones, ejemplifica  perfectamente una política de apaciguamiento constante. Ni tan siquiera llamó al embajador a consultas ante las bravatas continuadas de Hugo Chávez; cosa que, por cierto, sí hizo Marruecos por la visita del Rey a Ceuta y Melilla, esas dos ciudades ocupadas, según la visión de Rabat. Moratinos, además, se apresura a abogar por la revocación de la Postura Común respecto a Cuba, con el frágil argumento de unas excarcelaciones/expatriaciones.

Definitivamente, Múnich es alegre. A la tarde se bebe cerveza, a la caída del sol una copa de vino blanco hace las veces de aperitivo, se cena tarde y se continúa con los cócteles. Apacigua este ambiente bávaro con un toque italiano. Y, sin embargo, atribula mi ánimo pensar en el apaciguamiento. Recuerdo los espantados ojos de Ana en esa habitación, vista a la mañana, donde de las fingidas duchas sólo brotaba el cobarde Zyklon B. Recuerdo también que mientras en la Alemania Occidental recibían bajo palio al dictador comunista, éste mantenía la orden de disparar a todo aquel que intentara cruzar el Muro. Y Hitler, a quien aquí, en tan alegre lugar, se intentó aplacar, sólo recordó aquel caritativo intento para, antes de invadir Polonia, confesarle a un condiscípulo: “nuestros enemigos son gusanillos; los vi en Múnich”.

martes, 3 de agosto de 2010

Berlín: el final

Berlín es una gran ciudad. Con sus detalles característicos, claro, pero, una gran ciudad. La principal característica genuina consiste en poseer dos centros; el de la antigua parte occidental, en torno a la calle Kufürstendammstrasse, y el de la oriental, en torno a Unter den Linden. La primera es un centro comercial a lo grande, la segunda tiene más encanto.

Busco esta vez no sólo visitar Berlín, sino retomar la faena lejos de la canícula ibérica, así que me alojo nuevamente en unos aparta-hoteles (adagio, en la Lietzenburger Str.), donde puede el viajero pasar su jornada sosegadamente, cocinarse un salmón salvaje y, al caer el sol, cuando ya se requiere una rebeca, pasear por la mencionada Kudamm – así la llaman los locales – o marchar a ver retazos del Muro, el Reichstag o las demás atracciones de la ciudad.

Ciertamente, hay un ambiente alternativo, en término en boga entre la juventud actual. Al final de Kudamm, un muchacho toca ese imponente tubo de madera propio de los aborígenes australianos, a su lado, un perro descansa ajeno al bullicio y algo más allá un hombre que ya no cumplirá los cuarenta baila break dance con un monopatín. En todos sitios hay quien no sabe envejecer.

La historia de esta ciudad gravita sobre el Muro; el Checkpoint Charlie es una colmena de gente y vendedores. Si vienen, hagan el esfuerzo y no lo visiten: se ha banalizado hasta la náusea, con hombres disfrazados de soldados yanquis y rusos cobrando por la foto. El tramo más largo del muro que queda, de 1.300 metros, en la Mühlenstrasse, a la orilla del Spree, congrega también turistas, aunque no de tan masiva manera. En este fragmento son las estrellas los graffitis del Trabant - el Trabi, coloquialmente - rompiendo el Muro:


y, especialmente, el beso entre Honecker y Breznev:


Yo no puedo ver el Checkpoint o el Muro sin pensar en Reagan. Durante años, la Alemania democrática se mantuvo firme respecto a la partición del país y la existencia de una dictadura en el otro Estado alemán. Se seguía la llamada doctrina Hallstein, según la cual no habría representación diplomática de dos Estados alemanes en el mismo lugar. Los socialistas, con Willy Brandt, dieron un golpe de timón y comenzaron a mantener relaciones cordiales. Después, la CDU siguió la misma senda. Dicho sea en su descargo, el Muro parecía eterno – Honecker decía en el mismo ’89 que le quedaban 100 años – y la RDA firmaba su compromiso mendaz con los Derechos Humanos. La Alemania democrática reconoció así – en 1970 – , en el marco de un acuerdo con la URSS, las fronteras orientales, enterrando así el principio de mi admirado Stresemann, cuando firmó las fronteras alemanas occidentales, de que “nunca habrá un Locarno para el Este”, aunque se guardaba un turbio silencio acerca de si “frontera oriental” implicaba también la del Muro.

Con todo, el cambio en la Ostpolitik se encontró con una coyuntura mundial muy concreta, la Guerra Fría, que la sumió en la ambigüedad. Y fue entonces cuando Reagan, frente al Muro y sin rodeos, señaló a esta pared ignominiosa y pronunció su célebre: Mr. Gorbachev, tear down this wall. Para que, como decía Lincoln, el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparezca de la faz de la tierra.

Y de la faz de Berlín, y de Alemania, desapareceremos en breve Ana y yo. Mientras, déjenme disfrutar de este crepúsculo fresco que se avecina ya a la Kudamm. De este crepúsculo que se avecina también sobre mi estancia berlinesa. ¿No les he deseado buen verano? Egoísta que sólo en mí pienso: disfruten ustedes también de sus crepúsculos estivales que, como el Muro, y a pesar de las apariencias, no durarán cien años.

P.D. Este blog acaba de celebrar, el 30 de julio, su primer cumpleaños. Me invade, lo reconozco, una extraña sensación al ponerle ya una vela. Si bien me confieso culpable de disfrutar escribiendo, admito igualmente que ignoro hasta dónde llegarán las fuerzas y, sobre todo, el tiempo, para mantener vivo este humildísimo rincón. En todo caso: gracias a todos aquellos que lo obsequian con su lectura. Levanto mi copa por ellos y, hoy, inmodestamente, también por Non Sola Scripta, un blog de viajes y algunas cosas más.

sábado, 31 de julio de 2010

Erfurt y Bautzen: el final de un sueño


 No, no me refiero aún a mi tour alemán. Me refería al socialismo. Erfurt, la capital de Turingia, sorprende gratamente al visitante poco avisado. Las casas de tejado a dos aguas y esa visible celosía de madera son mayoría y pintan un escenario que merecería, sin duda, detenerse más de una tarde. Erfurt es sensiblemente más grande – ¿diríase con justicia que incluso más bella? – que Weimar. Su fama proviene, básicamente, de ser lugar donde predicó Lutero. En realidad, los lugares por donde anduvo el reformador (así, der Reformator, se le suele designar por aquí) son legión por esta zona, pero en Erfurt realizó sus estudios de Leyes.

La causa de mi parada en Erfurt resulta un tanto embarazosa de explicar. Hice acopio de osadía y en la Tourist Info de Weimar pregunto si queda allí algo para ver de los tiempos de la RDA; la mujer, joven, llama a otra mujer, mediana edad, y ésta, a su vez, realiza una llamada telefónica. Pego el oído a la conversación, indiscreto yo, y la mujer le dice a su escuchante que tiene un cliente con una pregunta muy difícil. Inopinadamente, la mujer e tiende el teléfono y me encuentro asistiendo vía telefónica a una clase de historia local de un señor de Weimar.  Me explica que la DDR no quiso afear dicha ciudad; fue así que se invirtió generosamente en ella y apenas construyeron sus tradicionales edificios avispero. (Sólo hay un bloque: en la Jakobstrasse). Me recomienda, si me interesan los tiempos de la DDR, acercarme a la capital del Land.

En Erfurt, la cosa cambia. Los mamotretos soviéticos abundan, la Karl-Marx-Platz es céntrica y en un céntrico punto se halla lo que fue una tétrica prisión socialista reservada en exclusiva para presos de conciencia. Enfrente, en un lugar llamado Bierstube Bit am Dom, pueden saborear un capuccino exquisito:

 
Ya en Dresde, puede el viajero adentrarse por el corazón de Sajonia, en una excursión de medio día, y llegarse a Bautzen. Extraordinario su skyline medieval: 


Es Bautzen, por otro lado, conocido por dos razones, a saber, albergar la que es la única minoría étnica en Alemania desde tiempos pretéritos, los sorbios (rama eslava), y una exquisita mostaza. Famosa, también, por poseer otra de las más atroces prisiones de la DDR – la conocida como Bautzen II – . La cárcel fue sucesivamente una penitenciaría de tintes humanitarios, prisión nazi, soviética y de la Stasi. Que los nacionalsocialistas inflingieran un trato inhumano a sus ocupantes es lógico, tratándose de una ideología del racismo y el odio; que lo hicieran los comunistas, resulta más asombroso. Que, incluso, éstos últimos superaran en su atrocidad a los hitlerianos, como sucedió en este centro en concreto, pasa de pasmoso a incompresible:


No obstante, manténgase intacta la fe en el género humano: el capuccino y la mostaza han sustituido al NSDAP y al SED. El mundo avanza. Y mi viaje también.

martes, 27 de julio de 2010

Dresden! Dresden!


Se me permitirá, quizá, una nota autobiográfica. Se me permitirá, por una vez, no emprender tan siquiera el intento de una reflexión objetiva y dirigir una mirada, entre nostálgica y satisfecha, a mi pasado.

Ya he hablado, a decir verdad – locuacidad de la red – , de los tiempos en los que, joven e inconsciente, y en un acopio de lozana osadía, monté en un avión que me depositó, para los siguientes 10 meses, en Dresde, capital de Sajonia. 

Eran los tiempos en los que yo sentía, como todos los jóvenes y en palabras de Gil de Biedma, que había venido para llevarme la vida por delante. Once años después, con unas sienes que han comenzado a trufarse de cabellos blanquecinos, he vuelto a Dresde.

La ciudad que me ha recibido ha experimentado un cambio radical respecto a aquella por la que paseó el joven fatuo y un tanto melancólico que fui. El centro histórico, tan esplendoroso como entonces, se ha empedrado de lujosos hoteles y restaurantes. Los centros comerciales han proliferado. Muchos edificios han sido renovados. La Dresde que me acogió celebraba entonces diez años de la caída de la dictadura comunista, pero se hallaba aún un tanto atrasada.Yo, sin ir más lejos, me alojo ahora en un impecable aparta-hotel enfrente de la mismísima Frauenkirche, y, para mi gozo, debajo existe una Konditorei, una pastelería de esas que, por un misterio de la repostería, sólo existen en los países germanohablantes.

Cursé aquí, en la Technische Universität, el último año de mi licenciatura, con todas las asignaturas en alemán. Tuve, así, la fortuna de aprender por partida triple: lo que los competentes Professoren germanos me enseñaron, la célebre eficiencia alemana y perfeccionar una de las más nobles lenguas de la historia. Muchos de los antiguos edificios comunistas, tipo termitera, habían sido reconvertidos en residencias universitarias; yo, en concreto, vivía en la Budapester Str., Nr. 24. Desde la ventana, como se aprecia en la foto  que me he hecho hoy mismo, también se vislumbran, únicamente, las termiteras del paraiso socialista ya caído.

Dresde será para ustedes la ciudad conocida como la Florencia del Elba – die Florenz der Elbe – , será la ciudad en la que, mediante una masacre sin sentido, Churchill se convirtió en un sanguinario más de la historia, será, también, la ciudad en la que las manifestaciones anti-RDA sí fueron violentas; para ustedes, Dresde será todo eso, y yo, gentilmente, se lo perdono. Para mí, Dresde es otra cosa. Dresde es la ciudad en la que un joven fatuo y un tanto melancólico, pero de sienes aún azabaches, padeció y disfrutó, durante un año.

Once años después, he vuelto a Dresde. He vuelto como eso que se dice un hombre adulto; soy infinitamente más feliz que era entonces y, quiero engañarme, algo más sabio. Mas, sin embargo, el característico olor que esta mañana me recibió en el número 24 de la Budapester Strasse, consiguió erizarme la piel.

¡He vuelto a Dresde! Ich bin in Dresden zurück!

domingo, 25 de julio de 2010

Weimar

  1. Weimar: Goethe y Schiller

Tanto Goethe empacha ya. Y tanto Schiller. Weimar es una ciudad tirando a pequeña que en verano bulle de turismo interior y que explota sin contemplaciones su glorioso pasado, especialmente el haber sido asentamiento de Goethe. A él se le dedica una céntrica calle, la plaza principal, un parque elefantiásico. Incluso algunos platos en los restaurantes llevan su nombre. Ciertamente, Weimar puede hacer gala de un pasado memorable; por aquí anduvieron, aparte de Goethe y Schiller, Humboldt, Herder, Schopenhauer o Bach. La concentración de materia gris fue, pues, de récord. 

2. Weimar: Buchenwald y los Nacionalsocialistas

                                            Puerta de entrada a Buchenwald: Jedem das Seine

A propósito de concentración, hemos dedicado una mañana a Buchenwald, el campo de concentración que los nazis construyeron en el corazón del bosque turingio. Se trata de un paraíso paisajístico. Dado nuestro hábito madrugador, nuestra visita transcurre antes de la llegada de los autobuses. El cielo se cubre de nubarrones negros y densos. No hubo aquí cámaras de gas, sólo desnutrición y tiro en la nuca. Unos cien mil seres humanos fueron cruelmente aniquilados. En la puerta de entrada, junto al reloj (detenido a las 3:15, la hora en la que los americanos entraron en el campo), se leía (ya no): Recht oder Unrecht, mein Vaterland (algo así como “Justa o injustamente, la Patria”), y la leyenda de la misma puerta, de hierro herrumbroso, no es el Arbeit macht frei, el trabajo libera, de Dachau o Auschwitz, sino: Jedem das Seine – a cada uno lo suyo – . 

3. Weimar: Buchenwald y los soviéticos

¿A cada uno lo suyo? Acabada la guerra, el campo pasó de manos nazis a manos soviéticas sin solución de continuidad. De 1945 a 1950, las autoridades soviéticas dejaron morir de hambre o por falta de cuidados médicos a unas ocho mil personas. La mayoría eran funcionarios civiles del régimen nacionalsocialista, otros habían acabado allí por delaciones y algunos fueron víctimas de la arbitrariedad o, simplemente, de alguna confusión de nombres.

Si bien la parte nazi del campo se convierte en un hormiguero humano, en la soviética disfrutamos, Ana y yo, de una soledad completa. Leo en la prensa local acerca de la queja de algunos historiadores sobre la poca relevancia que se le ha otorgado al campo soviético; los responsables del campo piden que no se saquen las cosas de quicio: separa a las cifras de víctimas un abismo. Con todo, decidieron hace algún tiempo acallar la queja y se colocó una barra de hierro en cada fosa común que se halló en la parte soviética. El resultado es un bosque de barras confundido en el bosque turingio. 

4. Weimar: el gulasch y el alma teutona

      En Rothenburg, frente a típicas casas teutonas, Ana reflexiona sobre las razones de mi germanofilia

Weimar es la ciudad de Europa que despliega de más perfecta manera la complejidad del espíritu humano. Aquí escribieron sus obras Goethe y Schiller, aquí filosofó Schopenhauer, aquí se realizó, en 1919, el más bello intento hasta la época de implantar la democracia en suelo alemán, aquí se hicieron los nacionalsocialistas con el ayuntamiento ya en el ’32, aquí erigieron poco después un campo de concentración que poco después utilizarían los comunistas.

Relean, por favor, el anterior párrafo y díganme que no es compleja el alma alemana, que no es rica la historia de Weimar, que no es sabroso el gulasch que ceno hoy de carne de caza (apunten: Restaurant Shakespeare, en la Windischenstrasse, 4-6). Caza cazada en el bosque turingio, donde crecen fosas nazis igual que soviéticas. Afortunadamente, hace ya mucho de eso y ahora crecen ya sólo los jabalíes para el gulasch.